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domingo, 12 de enero de 2014

Catedral de Jaén.


La catedral de Jaén es el símbolo y la expresión más plástica del esplendor por el que la diócesis de Jaén atravesó durante los ss. XVI-XVIII.

Conquistada Jaén en 1246, el obispo de Córdoba D. Gutiérrez consagró la mezquita mayor, la dedicó a la Asunción de la Virgen, y la convirtió así en el primer templo de la diócesis. El edificio musulmán pervivió hasta 1368, cuando el obispo D. Nicolás de Biedma derribó la mezquita e inició la construcción de una catedral gótica, dotada de cinco naves y claustro. No debió ser una obra sólida, pues a finales del s. XV D. Luis Osorio tuvo que derribarla y empezó a construir otra, en el mismo estilo arquitectónico. Para ayudar a la construcción, el prelado otorgó una serie de indulgencias y gracias, y el sínodo de 1492 ordenó la colocación de un cepillo en cada parroquia con el fin de recolectar donativos destinados a sufragar los gastos del nuevo templo. En 1500 tomó posesión del obispado de Jaén uno de los prelados que ha pasado a su historia como mecenas de las artes e impulsor de distintas edificaciones: D. Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, quien realizó importantes reformas en la fábrica de la catedral, aún en estilo gótico.

En 1525 un peritaje del cimborrio determinó que amenazaba ruina y empezó a considerarse la posibilidad de construir un nuevo edificio, más sólido que el ya existente. Intervino entonces un personaje que fue decisivo para el inicio de una nueva etapa constructora: el cardenal Esteban Gabriel Merino, arzobispo de Bari y obispo de Jaén, residente en la curia romana. El purpurado logró obtener del papa Clemente VII el breve Salvatoris Domini (20 diciembre 1529) por el que el pontífice concedió una notable cantidad de indulgencias a quien contribuyera económicamente a la edificación de una nueva catedral, a la vez que autorizaba la constitución de una cofradía bajo la advocación del Santo Rostro, compuesta por 20.000 hombres e idéntico número de mujeres. Con los fondos recolectados se iniciaron las obras hacia 1551 según los planos del que fue el gran artífice del nuevo templo, Andrés de Vandelvira. La modernidad de la obra nueva residía en la desaparición de la girola gótica, con lo que se creaba una planta de tipo salón. El mayor mérito de la catedral radica en que durante los siglos que duró su construcción, el plano originario de Vandelvira fue continuado por los demás arquitectos, empezando por su discípulo Alonso Barba, aunque la decoración posteriormente se barroquizara. Las obras se suspendieron por las crisis económicas que sacudieron el final del reinado de Felipe II, a las que se añadió la falta de recursos económicos.

En 1634, el cardenal D. Baltasar de Moscoso y Sandoval, decidido a sacar las obras del proceso de paralización que habían sufrido, obtuvo de Urbano VIII un breve fechado el 8 de enero 1635, por el que la Santa Sede, previa autorización de Felipe IV, autorizaba la aplicación de dos mil ducados anuales de la mesa episcopal, mil quinientos de la mesa capitular y las rentas de los beneficios vacantes de toda la diócesis. Esta gracia, prorrogada sucesivamente, supuso en recursos económicos más de la duplicación de las rentas de la fábrica, lo que permitió la prosecución de las obras con un ritmo constante hasta su conclusión. El arquitecto Juan de Aranda Salazar concluyó el crucero y la cúpula, y así en 1660 se pudo consagrar el templo con unas espléndidas fiestas. Siguiendo el proceso constructivo, en 1688 se culminó la fachada como un gran retablo de órdenes gigantescos, según diseño de Eufrasio López de Rojas, con relieves de Pedro Roldán y una balaustrada de Blas Antonio Delgado. En el interior, el coro fue construido durante el primer tercio del siglo XVIII aprovechando la sillería del XVI. Su bóveda fue proyectada por José Gallego y Oviedo del Portal, discípulo de Churriguera (1726), quien también diseñó la arquitectura pétrea del mismo coro. A finales del XVIII se decoraron las capillas y fue erigido el tabernáculo y ostensorio del altar mayor, con esculturas de Juan Adán. A partir de 1764 se habían iniciado las obras del Sagrario, con diseño de Ventura Rodríguez; esta última fase de las obras fue consagrada en 1801, con lo que así quedó concluida la construcción del primer templo de la diócesis. 

Cronología de la edificación. La Sacristía, Sala Capitular y Sala Exposiciones.

Principio del Siglo XVI. Alonso Suárez.

Mediados del Siglo XVI. Andrés de Vandelvira.

Principio del Siglo XVII. Juan de Aranda de Salazar.

Mediados del Siglo XVII. Eufrasio López de Rojas.

Siglo XVIII. José Gallego y Oviedo del Portal.

Siglo XVIII. Ventura Rodríguez. 


La sacristía es un espacio rectangular, de 12 por 22 metros. Con toda razón se considera la obra maestra de Andrés de Vandelvira, cuya construcción se ultimó dos años después de la muerte del arquitecto, en 1577. Cuenta con 16 arcos sostenidos sobre fragmentos de entablamento, que se apoyan a su vez sobre columnas corintias pareadas. 

La arquería se remata con una cornisa en la que de nuevo se apoya una segunda arquería, idéntica a la de abajo. Sobre la puerta de ingreso, se encuentra una pintura de la Magdalena penitente. La cubierta se remata con una bóveda de medio cañón, con arcos fajones, y con decoración geométrica de círculos y cuadrados, al gusto renacentista.

El retablo relicario que se halla en la cabecera de la sacristía se debe a Alonso de Mena, y fue realizado hacia 1640, cuando este escultor se desplazó a Jaén para realizar los relieves del crucero norte. Contemplando el escarceo de la luz entre las columnas, se puede aplicar a esta sacristía el díptico clásico: O la luz ha nacido aquí, o si no, hecha prisionera, aquí reina libre. 
A través de una antesala cuadrada, comunicada con la capilla de Santiago y con la sacristía, se accede a la Sala capitular, a través de un arco de medio punto con columnas de fuste acanalado y bastones alternados, coronadas por capiteles dóricos, que sostienen un friso donde se alternan triglifos y metopas.

La Sala Capitular tiene una planta perfectamente rectangular, de 14 por 7 metros. Preside este noble espacio el retablo que el Cabildo encargó, en 1546, al pintor Pedro Machuca. El tondo que corona este retablo ofrece la imagen de la Verónica sosteniendo el Santo Rostro. En la tabla principal del cuerpo superior, el cardenal Don Pedro Pacheco y miembros del Cabildo están arrodillados ante la Virgen, que sostiene con ternura materna a su Hijo. En el cuerpo central del retablo, el titular de esta capilla, San Pedro de Osma, es representado con ornamentos pontificales, en actitud de bendecir.

La decoración mural de la Sala Capitular, de fuerte sabor bramantesco, es un prodigio rítmico conseguido a base a una serie de pilastras jónicas que marcan tres tramos con arcos de medio punto, colocando bellísimos nichos entre pilastras. El espacio resultante se cubre con bóveda de cañón con arcos fajones y recuadros que adornan con extrema sobriedad.

En el antiguo panteón de canónigos está ubicada actualmente la Exposición Permanente de Arte Sacro, en la que se pueden contemplar piezas tan interesantes como el relieve de la Última Cena, de principios del s. XVI, atribuido a Gutierre Gierero o Jerónimo Quijano; la talla de San Lorenzo, de la segunda mitad de la misma centuria, cuyo posible autor fue Sebastián de Solís, o la imagen de San Diego de Alcalá, de autor desconocido, y realizada en el s. XVII.

Interesantes como el pie para el cirio pascual y el tenebrario que forjó a principios del XVI el maestro Bartolomé, conocido rejero de la época. A la gubia de Sebastián de Solís se atribuye también el relieve de la Adoración de los Reyes Magos.

Preside la antigua capilla del panteón un lienzo de Sebastián Martínez conocido como Cristo del desamparo y Jesús abandonado, realizado hacia 1660 por encargo del Cabildo. Otras pinturas enriquecen esta colección, como la Virgen de la Cinta o Sagrada Familia, de Pedro Machuca, pintada hacia 1520 y de claros influjos rafaelescos, y los Desposorios de la Virgen, del pintor novohispano Cristóbal de Villalpando. En la cabeza del Bautista se percibe el influjo de Valdés Leal, y el de José de Ribera en el lienzo que representa a San Andrés. Dignos de mención son los óleos anónimos que efigian a Santo Tomás de Villanueva, San Agustín y San Francisco de Asís consolado por un ángel. A pesar de los sucesivos repintes, la pintura más antigua es la Virgen de Gracia, el estandarte que en el primer tercio del s. XV enarbolaba el obispo Don Gonzalo de Estúñiga en sus escaramuzas contra los musulmanes granadinos. Al ardor guerrero de esta representación de la Virgen pone el contrapunto de serenidad y paz María con el Niño, de indudable gusto italiano. En la cripta propiamente dicha se ubica un cuadro de Sebastián Martínez, de rica iconografía, que representa el triunfo de la Inmaculada y es conocido popularmente como la Virgen de los compadres, por estar representados en la zona inferior Adán y Eva.

En este mismo espacio se puede contemplar una rica arqueta mudéjar y diversas piezas de orfebrería, como la custodia gótica y diversos cálices.

La primera parte de la Exposición Permanente, titulada Dios Padre: el Dios de la historia, ayuda al visitante a la contemplación del designio salvador de Dios Padre que consiste en compartir su amor con la humanidad. Este plan salvífico lleno de amor gratuito se ha manifestado en la historia desde Abrahán, acompañando al pueblo de Israel, y queda reflejado en obras como los libros Corales de la Santísima Trinidad, la casulla blanca con el Arca de la Alianza o el cuadro de bronce y coral donde se representa la creación de Eva.

La segunda parte de la Exposición Permanente de Arte Sacro, que lleva por título Dios manifestado en Jesucristo, presenta dos momentos dentro de la dimensión salvadora de Jesucristo: la Encarnación, haciéndose hombre, y la Redención, su muerte por los pecados de la humanidad. Ambas dimensiones quedan ilustradas en obras que plasman episodios de la vida de Cristo como la Anunciación, la Adoración de los pastores, la Sagrada Familia, la Última Cena y el Calvario.

La continuidad de la obra redentora de Cristo por medio de su Iglesia animada por el Espíritu Santo está recogida en la tercera parte de la Exposición: El Espíritu de Jesús anima a su Iglesia. La distribución de las obras en esta sección tercera refleja a la Iglesia que vive las tres funciones básicas encomendadas por Cristo: escuchar la palabra, vivir la caridad y celebrar la fe, y ello teniendo como modelo e intercesora a María. E

Finalmente, una cuarta y última parte de la Exposición Permanente, que culmina el recorrido catequético por la historia de la salvación, se centra en Jesucristo: El Salvador, punto omega de la historia, culminación de los tiempos y los siglos, que puede ser contemplado de distintas formas, tanto en las diversas cruces procesionales expuestas como en modelos iconográficos cristológicos clásicos -cordero apocalíptico, pelícano.

Andrés de Vandelvira, inspirándose en la tradición de Vitrubio, dotó a al nuevo edificio de la catedral de Jaén de “utilitas” (utilidad), ideando una serie de galerías altas, ubicadas sobre las capillas laterales, para albergar distintas dependencias del Cabildo: la escuela de gramática, la contaduría, y el archivo, entre otras.

En las galerías altas de la catedral está ubicado el Archivo Histórico Diocesano, que cuenta con unos 1500 metros lineales de estanterías. Conserva documentos desde el siglo XIII, y la colección de libros corales de la catedral, cuyo número asciende a 76, y que contienen bellísimas miniaturas, como la Anunciación, obra de Juan de Cáceres, del primer tercio del siglo XVI.

La Exposición documental del Archivo Histórico Diocesano
Aunque la tradición museística más clásica reserva para las exposiciones las obras de pintura, escultura y orfebrería, se va abriendo paso también una mayor valoración de los documentos, como elementos del patrimonio histórico-artístico. Los documentos hablan de la historia de los hombres, del nacimiento de las comunidades; también de su desaparición. En muchas ocasiones son el único recuerdo que queda de realidades que fueron bellas en su creación, pero que los avatares de la historia han hecho desaparecer. Por ello, los documentos son memoria viva y palpitante, y algunos fueron realizados también con la finalidad de producir belleza.

Dos son las claves de interpretación sobre las que se articula la Exposición documental del Archivo Histórico Diocesano: el carácter histórico de la fe cristiana y el Santo Rostro como emblema de la Diócesis de Jaén.

El terremoto de Lisboa, en 1755, evidenció que se hacía necesario construir el ángulo noreste de la catedral, aún sin levantar, para dar consistencia al edificio. Se decidió así construir el Sagrario, cuyas obras, según proyecto de Ventura Rodríguez, se iniciaron en 1764 y fueron finalizadas en 1801. La cornisa exterior está decorada con estatuas realizadas por el escultor francés Miguel Verdiguier.

El interior es una capilla oval inscrita en un rectángulo, enmarcado con dos tramos transversales, que son la sacristía y el vestíbulo. Preside el altar mayor un cuadro de Mariano Salvador Maella, representando la Asunción de la Virgen, y fechado en 1795. Las columnas pareadas corintias dejan espacio para dos altares laterales, donde se ubican dos cuadros de Zacarías González Velázquez: el martirio de San Pedro Pascual y la Crucifixión. La bóveda que cubre el interior es elíptica con una red de 288 casetones hexagonales. 

Del Paleolítico a la Edad de los Metales.


El Paleolítico
En las planicies del noreste de la provincia se han realizado importantes excavaciones en las que se han encontrado restos de fauna de entre 0,8 y 2 millones de años de antigüedad entre las que han aparecido restos que en un principio se atribuyeron a seres humanos pero, con el paso de los años, esta hipótesis parece perder fuerza. El alborozo con que al principio se recogieron los resultados de las investigaciones y excavaciones del profesor Gibert en el yacimiento de Vena Micena (en Orce, cerca de Baza) parece haber dado paso a cierto escepticismo aunque es de reconocer que la polémica ha despertado el interés por la paleontología en muchos granadinos, ante el atisbo de que pudiera ser aquí en donde se encontraran los restos de los primeros pobladores de la Península Ibérica. Este papel parece habérselo atribuido, sin paliativos el yacimiento de Atapuerca, bastante lejos de estos pagos.
Así, los primeros restos de antecesores del ser humano que parecen gozar de unanimidad en la comunidad científica son los hallados en los yacimientos de La Esperanza (Loja) y de La Solana del Zamborino (Fonelas), ambos del período paleolítico superior (hace alrededor de 600.000 años), al oeste de la capital y en los que parece apreciarse la existencia de alguna organización social y los primeros pasos de una economía de recolección y carroña a prácticas de caza mayor, mejor dominio de la fabricación de herramientas líticas y primeros signos de ritos funerarios.
Del paleolítico medio (hasta hace unos 40.000 años) se han descubierto ya numerosos restos en varios yacimientos en la Sierra de Harana y destaca el de La Carigüela (Píñar) del que parece deducirse la intensa presencia de individuos de ll género homo, especie Sapiens, género Neanderthalensis.
El Neolítico
Reemplazados ya por el homo sapiens sapiens, nuestros antepasados directos, toda la provincia está sembrada de yacimientos del paleolítico inferior y del neolítico. En esta fase, la cultura de la recolección y la caza es reemplazada progresivamente por la agricultura y la ganadería y los yacimientos ya contienen restos de piezas de alfarería.
Entre los años 7.000 y 3.000 a.C. subsisten en la provincia numerosos asentamientos de este tipo, en los que se va prefiriendo el terreno llano a las cuevas de las montañas (ya no había miedo a las fieras) y se empiezan a ocupar las vegas, ricas para la primitiva agricultura y el pastoreo. A pesar de esto, es lógico que, de haberse conservado algunos restos, hayan sido encontrados en su inmensa mayoría en cuevas, al abrigo de las inclemencias meteorológicas. Por eso los mayores yacimientos son los de La Carigüela y La Ventana (Píñar), la Cueva del Agua (Huétor Santillán), Las Majólicas (Alfacar), cuevas de La Mujer, del Agua, Los molinos y Sima Rica (Alhama) y las cuevas del Capitán, Los Intentos y Las Campanas (Motril). Del final de este período se han descubierto en la Cueva de ls Murciélagos (Albuñol) labores de cestería perfectamente conservadas, granos de trigo y piñones, fragementos de cerámica, punzones y objetos de uso personal en bastante buen estado de conservación.
Edades De Los Metales
La llegada de la Edad del Cobre trajo la expansión de los asentamientos (hay más de 500 datados entre el año 3.000 y el 1.800 a.C.) por toda la provincia y se caracterizó por el uso de este nuevo metal, de los que se han encontrado numerosísimas piezas, y por la construcción de grandes monumentos megalíticos y construcciones funerarias, entre los que destacan los existentes en Montefrío, en el paraje conocido como La Peña de los Gitanos y los que existen en el valle del río Gor, éstos en íntimo contacto con la Cultura de los Millares, que se desarrolló en lo que hoy es la vecina provincia de Almería. En este etapa, se intensifica el desarrollo de la agricultura y con ella, se desarrollan nuevas técnicas y herramientas; de todo esto se conservan miles de piezas, entre las que destacan las hachas, los restos de molinos naviformes y de silos y la cerámica campaniforme. A esta época corresponden también los primeros restos descubiertos de pintura rupestre, cronológicamente bastante retrasados frente al resto de la península y de notable simplicidad; nuestras de este arte rupestre hay en la Piedera del Letrero de los Mártires (Huéscar) y en bastantes puntos diseminados por la Sierra de Harana o de los Llanos de Carchuna y en otros lugares dispersos por toda la provincia.
La edad del bronce (aproximadamente entre los años 1.800 y 1.000 a.C) está marcada por la notable influencia de la vecina Cultura de Argar que, desde Almería, se extendió por todo el sureste español, abarcando el territorio que hoy corresponde a las provincias de Almería, Murcia, Granada y Jaén. En esta época, los pobladores ya están distribuidos en poblados permanentes con viviendas hechas de madera y rodeadas en ocasiones de cercas de piedra. Se trata de poblaciones puramente agrícolas que cultivan el trigo, la cebada y las legumbres y a la vez practican la ganadería de ovejas, cabras y cerdos. Para mantener este modo de vida, aparecen construcciones especializadas como las cisternas de agua, incipientes regadíos, silos para almacenar el grano, viviendas elevadas sobre pilares, etc. Los principales asentamientos de esta época excavado hasta la fecha son los existentes en el Cerro de la Encina (Monachil), Cuesta del Negro (Purullena) y Cerro de la Virgen (Orce).
A partir del año 1.000, la cultura argárica almeriense va perdiendo peso en favor de la creciente importancia de la cultura tartésica que se está desarrollando en el vallle del Guadalquivir. Será por esta vía por donde entre el nuevo metal, el hierro, que va a marcar un cambio muy significativo en la historia de la provincia ya que de la mano de los tartésicos llegarán nuevas rutas de comercio, nuevas técnicas de cultivo y, simultáneamente se producirá la llegada a nuestras costas de viajeros de tierras lejanas, por el sur, y de nuevos pobladores iberos por el norte. Una de las consecuencias de estos nuevos tiempos fue que los poblados pasaron ahora a construirse en lugares que reuniesen dos condiciones: por un lado, que ocupasen lugares adecuados para promover el comercio y controlar las rutas comerciales; por otro lado, debían ser lugares aptos para ser amurallados y defendidos. Con esta idea, por ejemplo, se desarrolló un poblado en el Cerro de los Infantes de Pinos Puente que mantenía contactos comerciales hacia Almería y hacia el valle del Guadalquivir.
Durante los primeros siglos de este milenio se va a producir también una definitiva pérdida de toda clase de identidad exclusiva porque, al igual que en el resto del Mediterráneo, el aumento de la población, las mejoras de las técnicas de navegación y la expansión de nuevas formas sociales y de organización política va a remover hasta los cimientos todo signo de cultura anterior, proceso que culmina poco antes de nuestra era con la expansión del imperio romano

El Periodo Visigodo en Jaén.


A mediados del siglo V la presencia de Suevos se extiende por la provincia de Jaén. Los Visigodos se asentarían definitivamente en el primer tercio del siglo VI. Jaén quedaría al margen de sus asentamientos y seguiría siendo un territorio en el que predominaba la población hispano-romana, con algunas guarniciones militares, como Mentesa (La Guardia), en las que se concentraba la población germánica. Durante todo este siglo, la presencia visigoda por tanto es débil y son frecuentes las rebeliones de la aristocracia romana.

Leovigildo iniciaría hacia el 577 una intensa política de unificación y marcaría el fin de la romanización de la provincia de Jaén y la completa integración en el estado visigodo. En la segunda mitad del mismo siglo surge la presencia Bizantina, que ocuparía una franja mediterránea que llegaría justo hasta la línea del Subbético. Los visigodos a lo largo de diferentes campañas irían recuperando este territorio.

Al frente de cada territorio estaba el Dux, elegido por el Rey, que administraba justicia y comandaba el ejercito. 

En esta época decae la ciudad frente a la creciente importancia de Mentesa, impulsada por la presencia bizantina y por su enorme interés estratégico sobre el valle del Guadalbullón, llegando a ser sede Episcopal y una de las plazas fuertes más importantes junto al "limes bizantino". Un dato curioso aportado por una constitución aprobada por Sisebuto en 612 es la presencia judía de cierta entidad en Aurgi.

La agricultura era la base de la economía, localizándose las mejores tierras en las cuencas del alto Guadalquivir, Guadalimar y Guadalbullón, en las que el regadío permitía la existencia de huertas. La población rural dependía de un señor, propietario de la tierra. Las tierras de secano ocupaban la mayor parte del territorio, abundando el cereal, la vid y el olivo. Ya entonces era conocido el aceite de esta zona por su calidad, existiendo familias dedicadas a su fabricación y venta. En cuanto al cereal, se transportaba a molinos de agua que se concentraban en las orillas del Guadalquivir. La industria, seguramente era pobre y rudimentaria, relacionada con las necesidades demandadas por la agricultura.

Existen pocos restos materiales de este periodo, destacando un Tremis Áureo perteneciente al reinado de Wamba que apareció en una excavación arqueológica llevada a cabo en la plaza de Cambíl en 1992.

La Alhambra y el Generalife. Evolución Histórica.


La Evolución Histórica de la Alhambra.

La Alhambra se edificó en una colina separada por el río Darro de la primitiva ciudad ibérico-romana de Granada surgida en la colina del Albayzín. La colina de la Alhambra fue llamada por los musulmanes Sabika siendo el río Darro su límite septentrional. Otra vagada la separa al sur de la colina del Mauror o Torres Bermejas donde parece que ya desde la época romana había una fortaleza que protegía el barrio judío de la Antequeruela. La Sabika se prolongoa al este por toda la colina de los Alijares y por el Cerro del Sol, en cuya ladera se edificó en la epoca medieval el Generalife. Domina este espacio aúlico la Vega (al-Fahs), el valle del Darro (Wadi al-Hadarro), y del Genil(Wadi SannIl), Sierra Nevada(Sulayr: la tierra del "Solecito")

No hay constancia de ninguna construcción en la Época Romana en la colina de la Sabika, aunque si se conservan los restos de una lápida conmemorativa de Servius Persius, reutilizada como dintel de la puerta de la Torre del Agua, ahora depositada en el Museo de la Alhambra.

De la Etapa Visigoda conocemos por alguna lápida encontrada en la iglesia de Santa María de la Alhambra, guardada en el Museo de la Alhambra, que el noble godo Gudiliuva erigió aquí la iglesia de San Estebán, antes del 577. A esta colina los visigodos la llamaron Nativola. No se han localizado aún restos de esta iglesia y no se sabe donde estaba ubicada.

Ya en la Etapa Musulmana, en el siglo IX, se cita a al-Qala´al-Hamra: "el castillo Rojo", en el episodio que enfrentó al árabe Sawar ibn Hamdun y a los rebeldes muladiés. El nombre al-Hamra significa "la Roja", y para algunos autores árabes hace referencia al color de la tierra de la colina de la Sabika. 

La primera construcción que identificamos claramente es la Alcazaba zirí que se erigió en la etapa de los reinos de taifas(s.XI), conservada entre las reformas posteriores de la etapa nazarí(s.XIII-XV). Levantan los taifas granadinos esta alcazaba en el extremo más occiental del la Sabika, a la vez fortaleza y atalaya sobre la medina de Granada y la Vega. Tiene forma triangular, construída con murallas y torres de tapial, macizas hasta la línea del adarve o paso de guardia.

En el interior de la plaza de Armas parece lógico pensar que hubiera un campamento de tiendas de campaña para la guarnición militar, para el que se construyó un gran aljibe de dos naves, que garantizaba el abastecimiento de agua.

En la Etapa Almohade(s.XII-XIII) se añadió una puerta en recodo. También en esta época se adosó a la muralla la torre de la Sultana. En este momento se denomina al-Qasaba al-Hamra(la alcazaba Roja) para diferenciarla de la alcazaba del Albayzín.

En la Etapa Nazarí surge realmente madinat al-Hamra, la medina de la Alhambra. En ella vamos a encontrar tres periodos bien diferenciados: un primer periodo que abarca desde Muhammad I a su bisnieto Nasr (1232-1314) en el que el estilo artístico es totalmente almohade (pilares como soporte, capitel de pencas, decoración de yesería almohade,etc.). El segundo periodo se produce con el cambio dinástico de la rama directa a la secundaria con Isma´il I hasta el apogeo con su hijo y nieto Yusuf I y Muhammad V(1314-1392), que introducen ya los elementos típicos del arte nazarí(columnas como soporte, capitel cúbico, arquitectura y decoración basada en la proporción áurea, etc.). El último periodo podríamos denominárlo de decadencia(1392-1492), porque ya no se sigue la proporción áurea y vamos a encontrar muy pocas edificaciones y reformas sobre lo hecho anteriormente.

Durante el mandato de Muhammad I, el perímetro abraza la antigua alcazaba zirí y parte del nuevo espacio que ocupará después toda la Medina, definida así porque la Alhambra no es solo una fortaleza sino que en su interior hallamos todos los elementos de una ciudad: alcazaba, palacios y barrio artesano y comercial, unidos por una trama extensa de calles. Su hijo terminará la muralla.

En la Alcazaba Nazarí se produce una profunda transformación: el recinto zirí es rodeado por una barbacana, y al abrir la nueva puerta de las Armas se erige una doble muralla en la zona septentrional para poner en comunicación la alcazaba y el resto de la medina a través de un profundo foso por la puerta de la Tahona.

En la plaza de Armas encontramos un cambio profundo: han surgido nuevas torres altas, de múltiples pisos, como la torre de la Vela o la del Homenaje, y el antiguo campamento militar se convierte en estable con pequeñas viviendas construidas con ladrillo.

Muhammad I enlazó la Alcazaba con la muralla de la medina, reforzando esta muralla con numerosas torres que son la torre de Muhammad, la torre de Machuca, torre Comares, la torre del patio de la Higuera, la primitiva torre de los Picos que estaba adosada a la puerta del Arrabal, que ponía en comunicación la medina de la Alhambra con la primitiva almunia almohade del Generalife(s.XII-XIII), la torre del Cabo de la Carrera, la torre del Agua, las torres de Juan Arce y Baltasar de la Cruz, torre del Capitán, torre de las Brujas, la torre de las Cabezas, torre de Abencerrajes, la torre de los Carros, la torre de la Barba y la torre de las Rocas.

En la etapa de su hijo Muhammad II(1272-1303) se termina la muralla de la medina, se construye el primer gran palacio de la medina en la zona que denominamos actualmente el Partal Alto. En esta época es cuando se estructura la organización urbanística,  a la salida de la puerta de la Tahona, y se traza la calle Real Baja, primera vía de la medina, que conduciría desde la Alcazaba hasta el palacio del Partal Alto.

La Rawda o cementerio Real, situado a las espaldas del posterior palacio de los Leones, se fecha en la época de Muhammad II ya que fue el primer sultán enterrado allí.

Parece ser que también empezó a construirse durante este periodo el Palacio de los Abencerrajes, aunque lo terminaría su hijo.

Pero el gran impulsor de la urbanización de la medina fue Muhammad III(1303-1309). Estructuró definitivamente la plaza de organización urbanística, lugar desde el que se decidía hacia que punto de la medina se quería ir. Desde ella se podía entrar directamente a los primeros patios del Palacio de Comares. Además de la calle Real Baja, abierta por su padre, se traza la subida hacia la puerta del Vino desde donde arrancaba la calle Real Alta que daba acceso a toda la gran explanada ritual y sus edificaciones y a la parte alta de la Alhambra, llegando al Secano, donde se ubica el barrio artesano de la medina, y que parece que este sultán organiza en principio. 

Construyó los dos primeros patios de los después sería el Palacio de Comares: el de la Madraza de los Príncipes y el de Machuca. Siguiendo la calle Real Baja construye un jardín en forma de cruz con yn aljibe para su riego, en donde después se construiría el Palacio de los Leones. Sobre esta gran aljibe erigió el sugerente Harém o vivienda palatina con patio central en alto. Debajo del palacio de su padre construyó el Palacio del Partal Bajo, en donde establece su corte.

En la calle Real Alta Muhammad III erigió la Puerta del Vino con un carácter conmemorativo, ya que es la entrada a la gran explanada ritual o saría. En esta explanada se hace la oración multitudinaria del viernes dirigida por el sultán. Todo este sector ritual gira en torno a la Mezquita Mayor o Aljama, excavada en 1922, que Muhammad III construyó al igual que el Baño Público del Polinario y el Palacio que está unido a este. Siguiendo por la calle Real Alta llegamos a un importante palacio que se construyó también en la etapa de Muhammad III: el Palacio del exconvento de San Francisco, en la entrada al barrio artesano del Secano.

Fuera del recinto de la medina de la Alhambra levantó Muhammad III la Almunia del Generalife sobre restos de otra almohade. Era una gran finca donde es explotaba la tierra y se criaba el ganado del sultán.

El último sultán de este periodo, Nasr (1309-1314), levantó la Torre del Peinador de la Reina, con su espléndida linterna, al lado de la antigua Torre de Comares, colocando en la yesería su kunya o sobrenombre Abu-l-Yuys.

Ismai´l I (1314-1325) al proclamarse sultán rompe con la rama directa que ascendía desde Muhammad I y asienta el poder una rama secundaria de la familia nazarí. Erigió el Mexuar de los después sería el Palacio de Comares, a continuación de los dos primeros patios edificados por Muhammad III. Aquí introduce nuevos elementos que marcan el nacimiento de un genuino arte nazarí: crea el capitel cúbico. También realizó Ismai´l unas reformas en el pórtico norte del Palacio del Generalife para conmemorar su victoria en la batalla de la Vega (1319).

Con Yusuf I, su hijo, (1325-1354), comienza la etapa de esplendor del arte nazarí. Es el gran constructor del Palacio de Comares incorporando los dos primeros patios erigidos por Muhammad III, el Mexuar de su padre, Ismai´l. Añadió a la Torre de Machuca un oratorio de similares características al que había construido en el Partal, con una visión extraordinaria sobre el Albayzín. Además en numerosos puntos de la medina. En la Alcazaba erigió la gran torre Quebrada embutiendo la antigua torre de la etapa zirí(s.XI) como podemos comprobar desde la plaza de los Aljibes.

En la Torre del Peinador de la Reina cambia en la decoración epigráfica la kunya o sobrenombre, Abu-l-Yuyus, de su constructor Nasr, por el suyo Abu-l-Hayyay, atribuyéndose una obra que no era suya. En el Partal Bajo levanta un pequeño oratorio, muy remozado en su decoración en els.XIX, orientado hacia la Meca. La torre primitiva de los Picos es embutida por otra mayor con influencia cristiana. Las torres del Cadí y de la Cautiva son también remodeladas en su época. En la zona meridional erige la Puerta de los Siete Suelos, que en árabe era conocida con bab al-Gudur (puerta de los Pozos), que daba acceso al barrio artesano del Secano. Más importante es la Puerta de la Justicia, la bab al-Saría que daba acceso por un foso a la Puerta del Vino y a la gran explanada ritual ante la mezquita mayor erigida por Muhammad III. Deberíamos acostumbranos a llamar a este acceso Puerta de la Explanada ya que ese es su verdadero significado, y no de la Justicia como tradicional y erróneamente se viene llamando.

Muhammad V (1354-1359/1362-1392) marca el apogeo de esta etapa y todo el arte nazarí con la construcción del Palacio de los Leones hacia 1380. Cuando muere Yusuf I, su padre, asesinado en la oración del viernes en la mezquita mayor, él se encarga de terminar las obras del Palacio de Comares. También remodeló muchas zonas de la medina anteriormente construídas por Muhammad III. Levantó las galerías porticadas del Patio de Machuca curiosamente descentradas con respecto a la torre, reformó la decoración de la fachada oriental de la Puerta del Vino, e igualmente remodeló algunas yeserías  en el palacio de la almunia del Generalife. Con motivo del Mawlid o fiesta de conmemoración del Nacimiento de Mahoma de 1362 hizo Muhammad V una gran remodelación de la sala del Mexuar.

El último periodo del arte nazarí se caracteriza porque no se sigue el canon proporcional anterior. Muhammad VII (1392-1408) fue el último constructor al erigir la Torre de las Infantas al lado de la Torre de la Cautiva. Su decoración nos recuerda la tipología del primer periodo como un paso recurrente al pasado.

Yusuf III (1417-1429)sólo remodeló algunas zonas de palacios ya construídos anteriormente, como el Palacio del Partal Alto, obra de Muhammad II, y el portico y sala meridionales del patio de la Acequia del Palacio de la Almunia del Generalife que había construído Muhammad III.

A partir de finales del siglo XV, en la etapa Cristina se va a producir un profundo cambio en la medina de la Alhambra ya que la mentalidad y el sistema de vida cristiano son diferentes a los de los musulmanes.

En 1492 la Alhambra se convierte en sede la Capitanía General para controlar la inmensa población musulmana (morisca se llamo después) que vivía en la medina de Granada y en el arrabal del Albayzín. La mezquita mayor se sacraliza convirtiéndola en la iglesia de Santa María, el palacio que había en lo alto de la calle Real Alta se convierte en el convento de San Francisco y se hacen otras obras y preparativos para la instalación de los Reyes Católicos. Se unifican los palacios de Comares y de los Leones y se denominan "Casa Real", posiblemente  porque fueron ocupados por los monarcas. El conde de Tendilla hace obras en 1492, y años después otras para acondicionar los palacios árabes a las necesidades cristianas.

Entre 1492 y 1494 se construye el Gran Aljibe, entre la Alcazaba y la calle Real Alta. A su lado se levanta un pequeño barrio como había propuesto Hernando de Zafra, que ocupa parte de la explanada de la Sari´a. Más adelante se fortificaron con cubos de artillería una serie de puertas y torres (Alcazaba, Puerta de la Tahona, Torre de los Picos, Palacio del Partal Alto, Torre del Cabo de Carrera, Puerta de los Siete Suelos, Torre de las Cabezas, Puerta de Justicia, etc.), que cambian la fisionomía interior y exterior de la medina de la Alhambra con el fin de contrarrestar la diferencia numérica entre cristianos y musulmanes. En 1526, para la luna de miel de Carlos V e Isabel de Portugal, se vuelven a realizar nuevas obras de acondicionamiento.

Sin embargo el gran cambio se produce cuando se decide erigir el renacentista Palacio de Carlos V. Hay dos momentos cruciales para el cambio urbanístico de la medina de la Alhambra: en primer lugar se abre la Puerta de los Carros, en el paño meridional de la muralla, aprovechando como base la rampa de acceso una torre musulmana, para que puedieran subir los carros cargados con el material del palacio; en segundo lugar al hacer cimentación del palacio nuevo se utilizan como escombreras los fosos y la plaza de organización urbanística. Se abandona pues el antiguo acceso desde Granada: la Puerta de las Armas y sus fosos y se inutiliza todo el entramado de calles medievales. El mismo Palacio de Carlos V se sitúa sobre la calle Real Baja, cerrándola e impidiendo el camino medieval hacia el Palacio de los Leones y los Palacios del Partal.

La construcción del Palacio de Carlos V no destruyó casi edificaciones a excepción de una vivienda con su aljibe que se hallaba al lado del palacio, lo que si se produjo fue una nueva trama urbana.

También en el periodo renacentista se erigen el Jardín de los Adarves, sobre el colmado foso de la Alcazaba, la Puerta de las Granada en la línea que une la Alcazaba y Torres Bermejas, anulando la bab al-Jandaq o Puerta del Foso musulmana, y el famoso Pilar de Carlos V junto a la Puerta de la Justicia oo de la Explanada.

Las obras continúan a lo largo de todo el siglo XVI sobre todo para solucionar en parte los daños ocasionados por la explosión del polvorín de San Pedro en 1590.

En 1683 y 1684 se produjeron en Granada unas tremendas inundaciones provocadas por las lluvias torrenciales que afectaron profundamente a todo el recinto de la Alhambra.

Para la visita de Felipe V, en 1729, se hacen nuevas obras de acondicionamiento de las Alamedas y en la Casa Real, pero el resto del siglo XVIII la Alhambra se sume en el más absoluto abandono haciendo el Maestro Mayor de Obras Francisco Pérez Orozco un Informe en 1750, que probablemente llevó a que en la época de Carlos III se hiciera una revisión planimétrica de la Alhambra por orden de la Real Academia de San Fernando, que realizaron José de Hermosilla, Juan de Villanueva y Pedro Arnal en 1766-1767.

En el siglo XIX, tras el desastre que ocasionaron los franceses al salir de la Alhambra, el 17 de Septiembre de 1812, los franceses para evitar que la fortaleza pudiera servir a los rebeldes españoles, dejaron minadas las torres las torres con barriles de pólvora, volando ocho de ellas a partir de la Torre de la Barba, situada junto a la puerta de la Justicia. El cabo de regimiento de inválidos José García, que había perdido una pierna en la batalla de Bailén, arriesgo su vida y consiguió detener las voladuras inutilizando las mechas restantes, salvando la Alhambra de una hecatombe, hay una placa conmemorativa ubicada en la Plaza de los Aljibes reconociendo su valía.

Fernando VII nombra un primer arquitecto encargado de la conservación en 1828, José Contreras, que inicia una larga saga. Se hace desde Madrid un informe de carácter militar en 1834 en el que se recogen los daños de los franceses. El estado de abandono del siglo XVIII y los destrozos de la guerra es lo que reflejan varios grabados de artistas ingleses y franceses. Rafael Contreras de 1847 a 1888 realiza proyectos  y obras, al igual que su hijo Mariano Contreras, entre 1888 y 1907. El informe de Ricardo Velázquez  Bosco de 1903 así lo aconsejaba. Modesto Cendoya sigue esta idea y dedica gran parte de sus esfuerzos entre 1907 y 1923. Pero será con Leopoldo Torres Balbás cuando se consolida definitivamente la Alhambra ya que le dedica innumerables proyectos en toda su etapa como arquitecto desde 1923 a 1936.

El resto del siglo XX y lo que lleva el XXI, la Alhambra ha sido cuidada con esmero por todos los arquitectos que han trabajado en ella.