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domingo, 19 de enero de 2014

Olla de San Antón.


Ingredientes:

Un puñado de habichuelas blancas por persona
Un puñado de habas secas por persona
Un puñado de garbanzos por persona
Un puñado cada tres personas de arroz
Rabo de cerdo
Oreja de cerdo
Careta de cerdo
Tocino de cerdo
Hueso de jamón
Hueso de canilla
Costillas de cerdo
Pata de cerdo
Morcilla
Sal

Elaboración:

La noche anterior poner en un cuenco con agua las habichuelas, las habas secas y los garbanzos. 

Al día siguiente sacar las legumbres y dejarlas escurrir. Se ponen en olla express las habas y las habichuelas durante 5 minutos para que se pongan tiernas. Una vez cocidas se vuelcan en un recipiente con poca agua de la coción.

Se caliente agua en la olla express y se echan los garbanzos con toda la pringá menos la morcilla; rabo, oreja, careta, tocino, hueso de jamón, hueso de canilla, costillas y la pata de cerdo. Se cuece durante 20-25 minutos. 

En una olla grande, se vuelca todas las legumbres con la carne y se deja hervir 10-15 minutos. Se pincha la morcilla, y se añade durante 5 minutos, transcurrido este tiempo se saca la morcilla para que deje de cocer.

En una cacerola limpia se saca toda la pringa con rasera, para no romper la pringá.

Se vuelve a cocer todas las legumbres, se le añade el arroz, y se cuece durante 15 minutos, para que salga un poco espeso.

La forma de servir la Olla de San Antón es la siguiente:

Se sirven dos platos; el primero llevara todas las legumbres y el arroz. Una vez terminado, en una fuente grande, se presenta la pringá, y en la misma mesa se reparte toda la pringá a los comensales.

Como acompañamiento a la Olla, se hace un Remojón Granadino: con naranja, bacalao salado, cebolletas, huevo duro, aceitunas negras, pimentón dulce, vinagre y aceite. 
También se ponen encurtidos en vinagre; cebollas, pimientos, coliflor, banderitas picantes, pimientos picantes, etc.


sábado, 18 de enero de 2014

Las Lumbres de San Antón en Jaén.


Cada 17 de Enero la fiesta de San Antón abre el calendario festivo tradicional llenando de hogueras las calles de Jaén, convirtiéndose en una de las fiestas más propias y particulares del calendario jienense. La devoción del santo proviene del medievo, llegando a la ciudad en el siglo XIII con los nuevos repobladores castellanos.

La piadosa tradición aseguraba que en el año 1089 sacudió la región del Definado, en Francia, una extraña epidemia que dejaba a los enfermos unas extrañas manchas en la piel, semejantes a quemaduras, que causaban irremediablemente la muerte. Aquella enfermedad se denominó "fuego sacro" y se consideraba un terrible castigo divino.

Dado que en la zona se veneraban las reliquias de San Antón Abad, dos nobles caballeros se encomendaron al santo y con tan espiritual medicina curaron el mal. Agradecidos al favor divino, fundaron la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Antón, dedicada a recoger y tratar enfermos llagados e incurables.

La Orden, y con ella la devoción a San Antón, se extendió prodigiosamente por Europa. A Jaén debió llegar en el siglo XIII, con la conquista de Fernando III, pues hay noticias de una capilla donde se celebraba la fiesta del santo, en la que prendían cuatro hachas de cera frente al altar de la iglesia.

Finalizada la reconquista y libre Jaén de sobresaltos, aparece otra cofradía de San Antón, que empleaba como fórmula para afrontar limosnas la suelta por las calles de un cerdo, el tradicional "marranito de San Antón", que vagaba libremente para que lo alimentaran los vecinos, hasta que cuando ya estaba bien cebado, se subastara para obtener donativos. Tan arraigada quedó la costumbre, que los labradores acogieron al santo como patrón de los animales domésticos, estableciéndose la costumbre de encender, la víspera de del día del santo, una hoguera para proteger a los animales del patrimonio familiar.

Allá por 1634, el 17 de Enero se hacía una fiesta por todo lo alto; se buscaba un predicador de campanillas, se traía la música de la Santa Capilla y se quemaban cuarenta reales en cohetes. La noche de la víspera, en la Plaza de San Juan, se hacía una hoguera y había función de fuegos artificiales.

Otras hermandades devotas al santo fueron surgiendo en la parroquia de San Idelfonso y el barrio de la Magdalena, en cuyo honor celebraban una fiesta solemne el día 17, encendiendo una descomunal hoguera en la Plaza del Mercado.

Así, se fue configurando en Jaén la fiesta de San Antón, que ya aparece estructurada en el último tercio del siglo XIX, en dos momentos perfectamente diferenciados: el religioso, celebrado el 17 de Enero y promovida por las cofradías del santo y el profano, celebrado la víspera del Santo, que tenía en contrapartida mayor atractivo, sobre todo para la juventud, que fue transformando la fiesta de la hoguera en festejo lúdico y gastronómico.

Cada calle, cada barrio, hizo de su hoguera auténtica cuestión de honor y competía por hacerla cuanto más grande mejor. Así que como ya no bastaba la materia prima habitual ("el ramón" procedente del olivar) se fue agregando al fuego festivo cuantos enseres y chismes viejos caían a mano.

Las lumbres de San Antón llenan de alegría la noche de Jaén. Crujen las ramas de olivo entre resplandores de las llamaradas, corre generoso el vino peleón, las rosetas, la fuente de calabaza asada y de la tradicional batata, mientras los muchachos y muchachas bailan a su alrededor los "melenchones" que son los bailes típicos de Jaén.

viernes, 17 de enero de 2014

El Palacio de los Vélez


En el Palacio de los Vélez vivía una de las familias más importantes de la ciudad. El alto linanaje de su estirpe y las riquezas que poseían se reflejaba en todas las estancias, desde los escudos heráldicos de piedra de la fachada, los mármoles y las maderas más preciadas, sus finas porcelanas, pero la casa aún guardaba un tesoro mayor. De todos sus miembros destacaba la hija, orgullo de sus padres, al poseer belleza, inteligencia, bondad y todas las cualidades de una gran dama de la época.

Muchos fueron los galanes de la nobleza jienense que intentaron desposarla, pero ella se fijó en un joven que trabajaba en su casa. Lo que en un principio comenzó siendo una bonita amistad se convirtió en amor verdadero, porque ella descubrió en él cualidades que no tenían los ilustres nobles con los que habitualmente se relacionaba.

Cuando el padre descubrió la relación de su hija con un hombre que no pertenecía a su misma clase social se sintió tan humillado, que decidió encerrarla en una habitación de la torre y darla por muerta.

Olvidada por todos, solamente su joven enamorado acudía al pie de la torre para estar cerca de ella y leer las notas de amor que le lanzaba desde su reducida ventana. La joven le escribía con su propia sangre en las páginas del libro de oraciones que sus padres le habían dejado tener en su encierro.

Así se fue consumiendo la vida de la muchacha, hasta que se apagó un día.

Según cuenta la leyenda, el fantasma de la muchacha sigue vagando por las salas del palacio buscando a su amor, pues este, al parecer, murió en un invierno frío esperando las notas de su amada debajo de la torre, pues a ella se se terminó su libro de oraciones y no pudo escribirle más.


jueves, 16 de enero de 2014

Desde los Fenicios a los Iberos en Granada.


Fenicios Y Griegos
Fueron los fenicios los primeros en llegar a las costas del sur mediterráneo español, donde establecieron diversas factorías enlazadas entre sí a través de las cuales vendían sus productos y obtenían productos locales para exportarlos hacia sus ciudades de origen. Las principales colonias fueron las de Gadir (Cádiz), Malaca (Málaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Tras la batalla de Alalia (250 a.C.) el centro de gravedad político y económico se desplazó desde Tiro hasta Cartago, lo que favoreció la entrada nuevos pobladores y comerciantes en todo el sur español.
En particular, en la provincia de Granada, de los restos descubiertos en las excavaciones de la antigua Sexi se deduce que existió un importante comercio de cerámica y de las mercancías propias del mediterráneo: trigo, aceite y vino. El cultivo del olivo y de la vid fue seguramente impulsado por los comerciantes fencíos, ya que se trata de mercancías fácilmente almacenábles y transportables; trajeron también notables adelantos técnicos como el uso del carro como medio de transporte y el perfeccionamiento del arado. En los yacimientos de Puente de Noy y de San Cristóbal se han encontrado, además, tumbas con un particular sistema de pozo con nichos laterales en las que se han encontrado ánforas de alabastro con inscripciones griegas, urnas funerarias y ajuares mortuorios.
Es posible que esta mayor presencia en la costa se tradujese en una penetración hacia el interior, teniendo en cuenta que para una implantación cultural no es necesaria la ocupación militar del terreno, sino que la simple aparición de nuevas técnicas de cultivo y mejores procesos de producción permite que las culturas se expandan lentamente mediante el comercio y la comunicación, por lo que no es difícil suponer que las tierras altas de la provincia también recibieran el influjo de los pueblos fenicios y se sumaran al comercio de los productos propiamente mediterráneos, trigo, aceite y vino, tomando de los fenicios sus técnicas de cultivo, su moneda, y estableciendo nuevas rutas comerciales hacia la costa a través del Boquete de Zafarraya y del río Guadalfeo.
Esta pujanza de fenicios y cartagineses impidió que la otra potencia comercial de aquella época en el Mediterráneo, Gracia, llegase a implantarse en el sur de la península y aunque han aparecido algunos restos de cerámica de vidente origen griego (Necrópolis de Tútugi y Cerro del Real de Galera), no da la sensación de que hubiese existido un efectivo asentamiento sino una serie de contactos esporádicos e intercambios comerciales aislados.
Iberos
Al mismo tiempo que por el mar se producía la llegada de comerciantes y pobladores fenicios y cartagineses, desde el interior de la península se estaba expandiendo simultáneamente un grupo de pueblos agrupados bajo el nombre de iberos que, al parecer no guardaba entre sí ninguna cohesión sino que era el fruto de alginas ciudades que habían tenido cierto éxito agrícola, comercial o militar y habían conseguido prosperar y crecer hasta el punto de necesitar nuevas rutas comerciales, productos o, simplemente, territorio donde asentar su excedente de población. Como continuación (bastante lógica por otra parte) de las culturas argárica y tartésica, los iberos se organizaron en Andalucía oriental en dos grandes grupos: los bastetanos, en torno a su ciudad matriz Basti (la actual Baza) y los turdetanos, ligados a la zona comercial del Valle del Guadalquivir.
Prácticamente todo lo que hoy es la provincia de Granada estaba ligado al área comercial de los bastetanos, quienes disponían de un eficiente sistema de organización territorial basado en ciudades estrategicamente situadas junto a fértiles vegas y en las intersecciones de la rutas comerciales. Con un asombroso parecido al recorrido que actualmente tiene la autopista A92, las principales ciudades aliadas o controladas de los bastetanos eran Acci (Guadix), Illiberis e Ilurco (Pinos Puente). Hay que tener también en cuenta que junto a estas ciudades de cierta importancia (2.000/5.000 habitantes) coexistían numerosas aldeas diseminadas y pequeños núcleos dispersos de población y que el sistema político propio de cada uno de ellos podía variar desde la monarquía a la tribu más pura y simple.
En esta época se produce un enorme avance en la agricultura, definitivamente convertida en el modo principal de vida y en las técnicas de cultivo y transporte; el regadío se generaliza en fértiles vegas; se refuerza la importancia del caballo como medio de transporte y como medio de combate; la moneda se generaliza como medio de pago y la riqueza se convierte en divisa diferenciadora entre clases sociales. Es precisamente de los enterramientos de las clases altas de lo que más restos han quedado en yacimientos como los de Galera, Baza y El Cegarralejo. Destaca entre todos estos restos la hierática Dama de Baza por su excelente conservación y que da idea del grado de refinamiento a que habían llegado los pueblos iberos de la península.