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sábado, 1 de febrero de 2014

La judería de Jaén.


Os propongo este recorrido rápido por la Judería de Jaén. Tras pasar por la plaza de la Audiencia, la calle Maestra se convierte en la calle Martínez Molina, que en su último tramo, a partir de la iglesia de San Juan, se convierte en uno de los límites de la judería tradicional. El ensanche de la calle principal deja paso, a partir de aquí, a un dédalo de callejuelas estrechas que en su mayor parte mantienen el trazado del barrio hebreo medieval. La calle de los Caños, que se abre a la derecha, inaugura el recorrido por la judería, con un suave descenso hasta la plaza de los Caños, donde en su día estuvieron los baños del Naranjo, que algunos investigadores han relacionado con el Hammam ibn Ishaq, es decir, con los baños del hijo de Isaac. La elegante fuente del siglo XVI que se conserva en esta plaza es el testimonio de la abundancia de manantiales que existieron siempre en esta zona. Frente a la fuente se localiza el edificio de las antiguas Carnicerías, que en tiempos no muy lejanos fue escuela nacional.
A través de la calle Arroyo de San Pedro se llega a la de Santa Clara, una estrecha calleja en forma de «L» en cuyo codo se sitúa la entrada al convento de Santa Clara, cenobio del siglo XIII, el más antiguo de Jaén, instalado en un extremo de la judería. La verticalidad del ciprés y del pilar que sostiene a la titular del convento ofrecen la nota espiritual en un rincón de paz que custodia otro célebre Cristo jaenés, el de las Misericordias o del Bambú, que en Semana Santa sale como uno de los pasos más celebrados. Algunos autores han relacionado el convento con una antigua sinagoga. Callejeando en zigzag, el itinerario toma un tramo de la calle Huérfanos, una de las principales de la judería, y desciende después por la calle Real hasta la calle Huertas, cuyo recorrido marca el límite este del barrio judío.


Empecemos entonces por la Iglesia de San Juan. Se encuentra en la Plaza de San Juan. El templo se construyó en la segunda mitad del siglo XIV sobre una antigua mezquita, prueba de ello es la existencia de los restos de un alminar musulmán en la calle Martínez Molina, a espaldas del templo.
A finales del siglo XVIII, en su cripta se encontraron restos de un cementerio romano, por lo que allí estuvo una de las puertas de la muralla romana, pues estas fortificaciones tenían cuatro y a las afueras de cada una, un cementerio. Los otros dos encontrados se ubican, uno cerca de la Puerta del Sol, y el otro cerca de la Puerta de Martos.
Según el censo de 1595 pertenecían a ella 606 viviendas con un total de 2908 feligreses. Actualmente su jurisdicción pastoral se extiende sobre una población aproximada de más de 4000 almas.
En el interior el altar mayor estaba presidido por un retablo muy similar a los que dispusieron para las capillas catedralicias los arquitectos Manuel Martín Rodríguez y Gregorio Manuel López, donde figuraban las imágenes de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, y se coronaba con un lienzo de la Santa Cena. Las paredes del presbiterio las decoraban once pinturas de diversos temas. El patronato de ésta capilla lo tenía la familia Coello de Portugal.
A la izquierda del altar mayor se abría una amplia capilla cedida en 1695 y reedificada en 1726 por Juan Manuel de Bonilla y Olivares, en ella se ofrecían a la devoción de los fieles a la Congregación del Santo Sepulcro, ocupando el camarín la Virgen de los Dolores. Al otro lado había un retablo dorado con una imagen de San Jacinto coronada con una diadema de plata, flanqueada por dos imágenes del Niño Jesús y la Purísima Concepción.
En el cuerpo de la iglesia se alzaban varios altares de concurrida devoción como pudieran ser los de San Antón, San Félix de Valois, San Juan de Mata, Nuestra Señora de la Encarnación o San Sebastián, además de un lienzo de Ánimas. El coro disponía de un gran órgano con trompetería horizontal, la sacristía se dotaba de hermosas cajoneras de nogal en donde se encontraba un Santo Cristo con dosel encarnado y algunas pinturas entre las que sobresalían una de la Transfiguración, de Santiago o San Juan Bautista. Aneja a la iglesia hubo una sala destinada a juntas y cabildos por parte de la Venerable Universidad de Priores, institución corporativa cuyos estatutos se aprobaron en febrero de 1400, y renovados en 1705.
La sala disponía de una mesa y siete escaños de nogal y estaba presidida por un lienzo del Crucificado, a cuyos lados colgaban otros dos de San Nicolás y de Todos los Santos. También había un arca de nogal para guardar los caudales y un armario de pino donde se almacenaba el riquísimo archivo de la Universidad, hoy integrado en el Histórico Diocesano.
En el arreglo parroquial realizado en de junio de 1843, que dejó a la capital con tan sólo cinco parroquias, la de San Juan fue suprimida, quedando el templo con la condición de iglesia auxiliar de la parroquial de San Pedro y el culto atendido por uno de sus coadjutores.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se sumió en el olvido, sin apenas consideración hacia sus valores históricos y artísticos.
La guerra civil dañó seriamente el templo, bajo él se adecuaron las criptas funerarias para que sirvieran de refugio anti-aéreo y buena parte de su ajuar mueble ardió en una hoguera en la misma plaza, y en sus dependencias se instaló la emisora "Radio Telégrafos" de la Andalucía republicana con la misión de interferir las emisiones de la popular Radio Sevilla.
En 1952 fue declarada en ruina, trasladándose el culto al cercano Real Monasterio de Santa Clara. El interior fue demolido, sustituyéndose por una estructura de hormigón armado. Así éste nuevo templo carente de la menor relevancia arquitectónica, se reabrió al culto el 29 de mayo de 1956.
Ya en la década de los años ochenta, con la loable intención de mejorar la contradictoria visión que ofrecía el templo, se realizaron de la mano del arquitecto Luis Berges Roldán unas obras que pretendían armonizar el conjunto por su inedudable relevancia histórica. Por decreto, el obispo Don Miguel Peinado Peinado, el 17 de mayo de 1985 decidió que la parroquia llevase la denominación canónica de "Parroquia de San Juan y San Pedro".
En el conjunto de la Iglesia destaca una torre anexa de planta cuadrada y líneas severas, llamada Torre del Concejo, con una campana de bronce del siglo XVI de un metro de diámetro. En dicha torre figura el reloj oficial de la ciudad, dependiente del municipio. Antiguamente, junto a la iglesia se encontraba el Ayuntamiento, por lo que la campana, con leyenda en caracteres góticos y cruz labrada, se tocaba para convocar a los ciudadanos en momentos solemnes, para dar los turnos a los regantes de las huertas que existían próximas a la urbe o para avisar de la eminencia de ataques de los musulmanes granadinos. Si el peligro atañía a la propia ciudad, también tocaba a arrebato y luego daba toques según los barrios, pues a cada uno de ellos se le atribuía un número de campanadas.


Continuamos el recorrido por la Calle de los Caños hasta la intersección de la Calle Santa Clara, en ella se encuentra el Convento de Santa Clara, para dirigirnos por la calle de los Huérfanos a la Calle de Santa Cruz. Aquí se encuentra la Antigua Sinagoga de Santa Cruz. En el Real Monasterio de Santa Clara de Jaén, la fachada trasera que da a la calle de Santa Cruz presenta un pequeño trozo de muro que sobresale del resto y que muestra un corte muy irregular. Éste muro ha sido identificado como el único vestigio actual de la antigua Parroquia de Santa Cruz y anterior sinagoga en tiempos medievales.
La existencia de esta sinagoga queda demostrada gracias a un documento de 1413 emitido por el Cardenal de Montearagón, referido a un pleito de las monjas de Santa Clara con la nueva iglesia de Santa Cruz que se señala como antigua sinagoga y de la que se indica que estaba situada al otro lado del refectorio del convento.
Tras el asalto de 1391, que en Andalucía tuvo características especialmente violentas, está documentada la transformación de esta sinagoga en la nueva parroquia de Santa Cruz, en la que el culto se celebraba únicamente cada tres meses, como muestra del alejamiento de los nuevos conversos del ritmo general de la sociedad cristiana.
La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.
En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.
Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.
En el interior de la sinagoga se encuentra:
1.El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
2.El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
3.La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
4.La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.


La calle de Santa Cruz, que parte de la misma plaza de los Huérfanos, se introduce en el corazón del barrio judío, llevando a su izquierda la línea pétrea de los muros del convento de las clarisas. La travesía de Santa Cruz conduce hasta un pequeño dédalo de estrechas callejuelas que constituye el núcleo más íntimo de la judería, en un espacio actualmente degradado, en fase de recuperación. En esta calle debió de estar una de las sinagogas de Jaén, que algunos autores relacionan también con el convento de Santa Clara.  Durante la excavación del solar entre las calles Santa Cruz y Rostro, lugar considerado tradicionalmente como centro de la judería, en 2004 se documentó un objeto realizado en marfil y localizado en el interior de la bodega de una vivienda que tenía fachada a la calle del Rostro. Se ha identificado como un yad o puntero judío ritual, pero esta adscripción no está establecida por completo. El objeto recuperado, de 10 cm. de longitud y un grosor aproximado de 8 mm. posee en la parte superior un singular labrado con decoración incisa y una hendidura en uno de sus extremos que puede indicarnos que debió estar sujeto a otro a través de un cordón, hilo o cadena. Por este motivo, en un principio la pieza fue inventariada como un bolillo: objeto torneado y que tensa el hilo con el que se tejen encajes y pasamanerías. No obstante, algunos investigadores han apuntado que podría corresponderse con un puntero de lectura de la Torá. Hasta la fecha se han recibido diversas interpretaciones sobre este objeto, sin que haya unanimidad a favor o en contra de la función que tuvo en el siglo XIV. Lo único establecido es su contexto arqueológico y su datación estratigráfica que nos confirma que se trata de un objeto que fue utilizado por una persona judía en el siglo XIV.

En la calle del Rostro, en el número 12, una moderna estrella de David señala la casa, de resonancias judaicas, de un artista local comprometido con la protección y divulgación de la judería de Jaén. La plaza del Rostro se abre a la izquierda de la calle del Rostro, donde se localiza la parte trasera de la capilla de San Andrés, que debió de ser la entrada principal a la sinagoga que existió en este lugar antes de la capilla.
A través de Callejón del Gato, una de las vías con más sabor del barrio, nos dirigimos a un conjunto de calles que sólo cuentan con tres salidas al exterior, como suele suceder en las juderías de las ciudades hispano-musulmanas. Esta zona se encuentra en proceso de estudio y recuperación, debido a su estructura como una manzana independiente y apartada del resto del conjunto urbano.
Esta configuración urbanística era la utilizada por los judíos españoles como medida de protección ante los posibles ataques de sus enemigos.


Continuaremos hacia la Calle de San Andrés, en la que se encuentra la Antigua sinagoga, La capilla de San Andrés. Todo en la Santa Capilla de San Andrés recuerda la antigua sinagoga que aquí estuvo antes de convertirse en iglesia cristiana: desde la estrella de David triunfante hasta la propia estructura del templo, con sus magníficos arcos que recuerdan a las mezquitas musulmanas, y su patio de acceso, con entrada por la calle del Rostro. La preciosista reja que cierra la Santa Capilla, obra del maestro Bartolomé, es uno de los elementos más relevantes de esta pequeña joya que se sitúa en el centro del barrio judío, en mitad de la cuesta que lleva desde la ciudad baja hasta la alta, siguiendo la orografía del terreno.
La adscripción judía de la capilla, no obstante, sigue siendo discutida. Luis Coronas y Vicente Salvatierra argumentan en contra del origen de la capilla en una sinagoga original. Como prueba aportan la existencia de la Iglesia de San Andrés ya en el año 1311, momento en que los reyes cristianos aún se mostraban tolerantes con los judíos por lo que no es probable que les arrebataran su sinagoga para la construcción de un nuevo templo cristiano, así como la posición de entrada de la iglesia, fuera de los límites de la judería.
A favor de la hipótesis de la sinagoga original, se ha aportado, entre otras consideraciones, que:
1.La entrada principal es mucho más sencilla que el resto de iglesias históricas de la ciudad (las sinagogas presentan accesos muy sencillos)
2.La puerta de entrada no queda frente al altar mayor (las sinagogas nunca tenían la puerta de entrada frente a la orientación del templo para que al salir de la misma no se diera nunca la espalda a la Torá)
3.La orientación del templo hacia el este; el pavimento interior del templo a un nivel inferior al de la calle (las sinagogas solían situarse por debajo del resto de templos cristianos)
4.La similitud artística de la planta del templo con las iglesias de Santa María la Blanca, de Toledo, y la Iglesia del Corpus Christi de Segovia, ambas inicialmente sinagogas
5.La presencia de un patio que recordaría los patios de acceso de las sinagogas
El busto del venerable Gutierre González Doncel preside el patio que une el oratorio con el resto de las dependencias de la Santa Capilla de San Andrés, hoy utilizadas por la cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, popularmente conocida como de la Santa Capilla.
Nacido en Jaén hacia 1469, don Gutierre fue protonotario apostólico y tesorero del papa León X, y murió a manos de los soldados de Carlos V durante el asalto imperial a Roma en 1527. Antes de eso, en el año 1515 dejó todos sus bienes a la diócesis jiennense para levantar la capilla de San Andrés y la fundación que hoy en día se sigue manteniendo de acuerdo con los mismos tres principios fundacionales: benéficos, de vestir pobres y dotar a doncellas para su casamiento; docentes, de mantener escuelas gratuitas, y piadosos, de continuar con el culto.

Bajaremos por la Calle de San Andrés hasta el ensanche de la plaza del Doctor Blanco Nájera, también conocida como plaza de los Huérfanos, guarda una sorpresa tras el recorrido por las estrechas calles de la Judería. Se trata de la menorá gigante que sirve de homenaje a los judíos de la diáspora sefardita, y que recuerda su permanente vinculación con la ciudad:
Las trasas de ken anduvieron endjuntos nunca podrán ser abaldadas. es decir: Las huellas de quienes anduvieron juntos nunca podrán borrarse.
Junto al monumento, de nuevo la evocación del agua en el puente que cruza sobre la fuente, y que señala el camino que utilizaban los judíos para entrar y salir de la ciudad a través de la puerta de Baeza cuyos cimientos aún se conservan.
Las persecuciones de que fueron objeto los judíos a partir del siglo XIV los movió a aproximar sus casas a la muralla, junto a la Puerta de Baeza, como se colige de las confiscaciones de viviendas de conversos por la Inquisición en 1485.
La conocida como Puerta de Baeza, que daba acceso directo al barrio de la judería y que durante la edad Media fue su entrada principal. Así se desprende de la intervención arqueológica que la sacó a la luz, ya que su orientación es directa hacia la calle Los Huérfanos y sin duda debió ser la puerta principal de la judería.
En la zona interna de las murallas se consiguió encontrar la antigua calle por la que transitaban los habitantes de la judería, o lo que se conoce como camino de ronda, que tenía unos 4 metros de anchura y se encontraba empedrado. La evacuación de las aguas se realizaba a través de una apertura en las murallas junto a la puerta, dirigiéndose extramuros al lugar conocido por las fuentes escritas como el barranco de los judíos o muladar de los judíos, barranco en el que se ubicaba la puente de los judíos, expresión que se cita en varios documentos, donde también se habla de un fonsario.
Actualmente, un puente de madera invita a cruzar la antigua Puerta de Baeza, cuyos restos arqueológicos se hallan bajo el mismo, al igual que lo hacían los judíos de Jaén para entrar o salir de la ciudad.

Este sería el recorrido por el barrio, además existen diversos monumentos con presencia judía que podemos ver en Jaén, que no se encuentran dentro del barrio pero que sería muy recomendable visitarlos.  Estos son los más destacados.

En la calle Madre de Dios se encuentra el Arco de San Lorenzo, perteneciente a la antigua parroquia donde fue famosa la existencia de la tabla que representaba al Cristo de las Injurias, o de la Tarima. Monumento nacional, el Arco de San Lorenzo guarda en su interior una bella capilla adornada con azulejos y yeserías moriscos; aquí se veló el cadáver del rey Fernando IV el Emplazado en 1312, y en 1555 fue bautizado Maximiliano de Austria, primo del emperador Carlos V.


El Cristo de la Tarima o de las Injurias. La leyenda del Cristo de la Tarima cuenta cómo un hombre llevaba una gallina a su casa y al pasar por la calle Maestra, ésta se le escapó y se metió debajo de la tarima de entrada de un pequeño negocio. El hombre rogó al dueño del establecimiento que levantara la tarima para poder recuperar su animal, a lo que el tendero se negó rotundamente. Al instante, una multitud ingente se arremolinó en la calle para convencer al dueño de la tienda a que lo hiciera.
Al levantar la tarima, vieron que debajo había pintado un crucifijo para que todo el que entrara lo pisara y profanara. Si bien en la leyenda nunca se especifica si el dueño de la tienda era un converso o no, la tradición lo ha identificado como tal.
Otra versión de la misma leyenda narra que fueron dos niños que jugaban en la calle quienes escucharon unos fuertes lamentos bajo la tarima y alertaron enseguida al resto del vecindario.
Se dice que este Cristo se veneró durante mucho tiempo en la desaparecida Parroquia de San Lorenzo y que, cuando ésta se cerró al culto en el siglo XIX, el cuadro se trasladó a la vecina Parroquia de La Merced. Actualmente, de la imagen sólo queda el recuerdo de la leyenda.


Palacio de Villardompardo. Conocida también ésta como plaza del Pato, por el cisne que adorna la fuente que aquí se ubica, en ella se levanta el espléndido palacio de Villardompardo, que guarda en sus bajos uno de los mayores tesoros de Jaén: sus maravillosos baños árabes del siglo XI.
El palacio, que perteneció a don Fernando Torres de Portugal, virrey del Perú y conde de Villardompardo, es un colosal edificio renacentista que simboliza la posición de Jaén en la conquista de América y, actualmente, un amplio complejo cultural que incluye, además de los baños y las dependencias del propio palacio, el Museo de Artes y Costumbres Populares y el Museo Internacional de Arte Naïf.
La recuperación de los baños árabes, que mereció el premio Europa Nostra de restauración en 1984, permitió descubrir las dependencias de los antiguos baños de Alí que junto con los mencionados del Naranjo y de Ibn Ishaq, formaban parte de un grupo de cuatro que menciona en sus crónicas Al-Himyari, todos ellos dependientes del caudal de la fuente de la Magdalena. Los baños de Alí, que llevan el nombre del rey musulmán que los mandó construir en el siglo XI, funcionaron como tales hasta 1246, cuando Fernando III el Santo conquistó la ciudad para los cristianos. A partir de ese momento, sus estancias fueron utilizadas para curtir y teñir pieles hasta que a finales del siglo XVI el virrey don Fernando los mandó rellenar de tierra y escombro para levantar sobre ellos su palacio.
Los baños fueron redescubiertos en parte por Enrique Romero de Torres, quien en 1913 estaba empeñado en la tarea de elaborar el catálogo monumental de Jaén.
En la visita a los baños se pueden ir recorriendo los distintos espacios que los componían: el vestíbulo, formado por una gran sala de 14 metros de largo cubierta por una bóveda con 18 lucernas en forma de estrella, la sala templada, de planta cuadrada, y la sala caliente, de casi 16 metros de largo, situada junto a las calderas y cubierta de la misma manera por estrellas, permitiendo que la luz del sol formara un ambiente lleno de magia en el interior de los baños, que fueron utilizados tanto por musulmanes como por judíos y cristianos, por hombres y por mujeres en horas alternas. Todo un alarde de sabiduría y buena vida.

Casa de Ibn Shaprut. El recorrido tras las huellas de los judíos de Jaén termina en la plaza de la Magdalena, uno de los espacios más añejos y representativos del espíritu de la ciudad vieja, donde se levanta la iglesia que le da nombre, que conserva los restos del antiguo patio de abluciones de la mezquita que fue anteriormente, y donde se localiza el raudal de la Magdalena, una caudalosa fuente de datación muy antigua donde la leyenda sitúa la morada del legendario Lagarto, una enorme sierpe que tuvo atemorizado al pueblo de Jaén hasta que un valiente pastor, valiéndose de una argucia, la hizo estallar en mil pedazos al conseguir que ingiriera una sustancia explosiva, dando origen al popular dicho jaenés de así revientes como el Lagarto de la Magdalena.
Es ésta, al parecer, la misma casa que otra tradición asocia a la Casa de las Almenas o del Rincón, llamada así por obtener su propietario el privilegio de tener agua y almenas por haber refugiado en ella durante una noche al mismísimo rey Pedro I, enemigo de la ciudad de Jaén durante la guerra con su hermano Enrique II, y protector de los judíos.
Una sorprendente estrella de David sirve para localizar en el número 6 de la plaza, frente los soportales que señalan la antigua casa de Hasday ibn Shaprut o casa del Cadí, el inmueble en el que nació el hombre de confianza del califa Abderramán III, y uno de los principales forjadores de la edad de oro de la cultura judía andalusí en el siglo X.
La casa perteneció a Isaac, padre de Hasday Abú Yusuf ben Yitzhak ben Ezrá ibn Shaprut, que así se llamaba el gran diplomático judío andalusí que nació en Jaén hacia el año 910 y que desarrolló su carrera, de proyección internacional, en Córdoba.
Hasday ibn Shaprut fue uno de los personajes más singulares de la corte de Abderramán III, médico y hombre de confianza del califa, nacido en Jaén en el 910 y nombrado por él nasir o jefe de las comunidades judías de Al-Ándalus, cargo que compatibilizó con otros como el de ministro o jefe de protocolo. Diplomático, escritor, hombre de gran fortuna y verdadero mecenas de poetas, filósofos, gramáticos y científicos, Ibn Shaprut actuó como un verdadero ministro de asuntos exteriores del califato y fue uno de los grandes impulsores de la época dorada de la cultura judía andalusí. Murió en Córdoba alrededor de 975.

La Catedral de Jaén. La plaza de Santa María ha sido, durante siglos, el centro de la vida pública de Jaén, además de un lugar marcado por la extraordinaria presencia de la catedral renacentista de la ciudad, uno de los ejemplos más deslumbrantes de este estilo arquitectónico en España, nacido del genio creador del arquitecto Andrés de Vandelvira. Aquí, donde también se levanta el Palacio Episcopal y donde tuvieron lugar numerosos autos de fe celebrados por el Santo Tribunal, con el protagonismo de inquisidores como Diego de Deza y Alonso Suárez, comienza el recorrido por el itinerario judío de Jaén, que discurre a las faldas del cerro sobre el que se levanta el castillo de Santa Catalina, uno de los emblemas históricos de la ciudad.
Además de la espectacular fachada principal, con sus torres gemelas, en el interior destacan la amplitud de las naves, la esbelta cúpula del crucero, el balcón central, donde se mostraba la reliquia de la Santa Faz (a cuya custodia está dedicado todo el templo), el coro, la capilla de San Pedro de Osma o las galerías altas, que permiten recorrer toda la catedral por el segundo piso, así como los tesoros que se guardan en el museo.
La catedral de Jaén, a pesar de haber contado entre sus administradores con numerosos conversos, fue celebre en el siglo XVI por haber surgido de su Cabildo la primera redacción de los Estatutos de Limpieza de Sangre.

En sintonía con el mismo discurso antijudío, en el interior de la catedral es posible descubrir, entre las figuras de la sillería del coro, a varios judíos, según el estereotipo tradicional que los representaba como individuos de semblante desagradable, nariz aguileña y mentón pronunciado, identificados por las características rodelas que los judíos estuvieron obligados a llevar. Las rodelas eran pequeños trozos de tela de forma circular, de color rojo o amarillo, que se colocaban en el hombro, sobre el vestido o sobre la capa, como una marca o distintivo de su condición de judíos.
La sillería del coro de la Catedral se ejecutó a lo largo del siglo XVI, añadiéndose algunos elementos en el siglo XVIII. Por su similitud con la de la Catedral de Burgos, podría pensarse en el escultor Felipe Bigarny como autor de su traza. En ella trabajaron en sus inicios Gutierre Gierero, Juan López de Velasco y Jerónimo Quijano y más tarde, en la época barroca, lo hicieron Julio Fernández y Miguel Arias.
En la cabecera de la catedral, orientada hacia la calle de Valparaíso o callejón de la mona, está recorrida en toda su longitud por una moldura de estilo gótico florido fechada hacia finales del siglo XV y principios del siglo XVI y atribuida al cantero Enrique Egas. Este friso gótico es muy célebre entre los jienenses, por contener todo un discurso iconográfico destinado a representar a los judíos como un pueblo maldito, sujeto a todas las penas del infierno, en un espectáculo escultórico presidido por la popular Mona, que representa a un personaje vestido con el hábito judaico.

La popular mona de la catedral representaría al judío sedente, figura que abre un discurso antisemita de advertencia al cristiano medieval, para que éste no caiga en la tentación de judaizar e incluso para invitar a los propios judíos a la conversión como medio de rechazar al maligno y alcanzar la salvación.
De este modo, los diferentes elementos decorativos que recorren la cenefa se interpretan como símbolos judíos (figuras de cerdos que aludirían a los marranos, es decir, a los judeoconversos tal y como se les llamaba en aquella época), cristianos (granadas que simbolizarían la Iglesia; una gárgola con posible forma de pelícano y espigas de trigo que representarían la eucaristía; conchas que significarían el bautismo, la conversión, etcétera) e inquisitoriales (figuras humanas y animales atadas a unas ruedas en llamas que podrían representar a los conversos penitenciados, condenados a la hoguera por la Inquisición)

El problema converso. La convivencia entre cristianos y judíos estaba muy deteriorada desde mediados del siglo XIV y la hostilidad de los cristianos viejos contra los conversos había derivado en persecuciones violentas, algunas en vísperas de subir Isabel al trono castellano.
El problema de los judíos conversos era tanto social y como religioso. La posibilidad que tenían los cristianos nuevos de acceder a los puestos de mando en las oligarquías urbanas suscitó el recelo de las masas populares de las ciudades. Además, se extendía la idea de que los conversos seguían en buena medida fieles a la tradición judaica: Todas las acciones repulsivas sucedidas en la época (incluidos asesinatos rituales) eran achacadas, en la mentalidad popular, a los judaizantes.
En este contexto, los Reyes Católicos pensaron en la posibilidad de arbitrar un procedimiento para perseguir a los falsos conversos. Ese procedimiento fue la Inquisición, tribunal que ya había existido en Europa en la Edad Media. Quizás intervinieron en la decisión algunos conversos, rabiosamente hostiles a sus antiguos correligionarios como Tomás de Torquemada, primer inquisidor general de Castilla. Lo que es un hecho es que los Reyes Católicos acabaron con la tradicional tolerancia practicada en los reinos hispánicos hasta su reinado.


Convento de Santo Domingo. La calle de Santo Domingo continúa el trazado de la vía principal, iniciada en la calle Maestra y seguida por la de Martínez Molina. En su flanco derecho se levanta el antiguo convento de Santo Domingo, un edificio cargado de historia cuyo primer antecedente fue un viejo palacio musulmán que el rey castellano Juan I cedió a los dominicos en 1382, y que fue sede de la Universidad de Santa Catalina, hospicio y dependencias del tribunal de la Santa Inquisición de Jaén, el tercero en constituirse en España, después de los de Córdoba y Sevilla. En el edificio destacan, sobre todo, las magníficas proporciones del claustro, que lleva también el seño de Andrés de Vandelvira.
Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue creado por los Reyes Católicos en 1478 y dependiente directamente de la Corona, el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición veló por la ortodoxia católica en sus reinos y funcionó en España hasta su abolición definitiva en 1834, durante el reinado de Isabel II.
La Inquisición, como tribunal eclesiástico, sólo tenía competencia sobre cristianos bautizados. Durante la mayor parte de su historia, sin embargo, al no existir en España ni en sus territorios dependientes libertad de cultos, su jurisdicción se extendió a la práctica totalidad de los súbditos del rey de España.

La Inquisición fue creada por medio de la bula papal Ad abolendam, emitida en 1184 por el papa Lucio III tras el sínodo de Verona como un instrumento para combatir la herejía albigense en el sur de Francia. Además de en Francia y España, existieron tribunales de la Inquisición pontificia en varios reinos cristianos europeos durante la Edad Media. En la Corona de Aragón operó un tribunal de la Inquisición pontificia establecido por dictamen de los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX en 1232 durante la época de la herejía albigense; su principal representante fue Raimundo de Peñafort. Con el tiempo, su importancia se fue diluyendo, y a mediados del siglo XV era una institución casi olvidada, aunque legalmente vigente.
No hay unanimidad acerca de los motivos por los que los Reyes Católicos decidieron introducir en España la maquinaria inquisitorial. Los investigadores han planteado varias posibles razones:
•Establecer la unidad religiosa. Puesto que el objetivo de los Reyes Católicos era la creación de una maquinaria estatal eficiente, una de sus prioridades era lograr la unidad religiosa. Además, la Inquisición permitía a la monarquía intervenir activamente en asuntos religiosos, sin la intermediación del Papa.
•Debilitar a la oposición política local a los Reyes Católicos. Ciertamente, muchos de los que en la Corona de Aragón se resistieron a la implantación de la Inquisición lo hicieron invocando los fueros propios.
•Acabar con la poderosa minoría judeoconversa. En el reino de Aragón fueron procesados miembros de familias influyentes, como Santa Fe, Santángel, Caballería y Sánchez. Esto se contradice, sin embargo, con el hecho de que el propio Fernando continuase contando en su administración con numerosos conversos.


Cristo del Amparo. En la plaza de Santa María nace la calle Maestra, una de las más céntricas de la capital, en cuyos primeros metros se encuentra la hornacina que cobija al Cristo del Amparo, cuya imagen se apareció, según la leyenda, cuando un grupo de judíos trató de profanar una procesión de discurría por aquí hacia la catedral.
Tradición popular aparte, lo cierto es que en esta calle, que fue durante siglos el eje comercial de Jaén, tuvieron sus comercios numerosos judíos en la Edad Media. Muy cerca de este punto, también en el tramo de la derecha, se encuentra la calle Arco del Consuelo, donde todavía sirven vinos y buenas viandas algunas de las tascas más añejas de Jaén. Cuentan que en una ocasión, el Condestable Iranzo abría una procesión que se dirigía desde la calle Maestra hacia la Catedral cuando un converso se le acercó para profanar la gran cruz que don Miguel Lucas portaba en sus manos. El condestable respondió a este acto con una fuerte bofetada y a continuación muchos otros judíos se abalanzaron sobre él. El Condestable invocó entonces al Señor y, al instante, una gran luz cegadora se proyectó sobre el muro en que se encuentra hoy la hornacina, dejando ver una imagen de Cristo. Al momento, el grupo de judíos se arrodillaron ante ella y se convirtieron definitivamente.


La tradición sitúa el fonsario o cementerio de los judíos en el lugar que a finales del siglo XV se denominaba Barranco de los judíos o Muladar de los judíos, barranco en el que se ubicaba la Puente de los judíos, expresión que se cita en varios documentos, y que actualmente se encuentra junto a la calle rey Alhamar, Matadero y la Puerta del Sol, en la zona del Pilar del Arrabalejo,  fuera de la Puerta de Baeza, cerca del barrio judío y de una de las salidas de la ciudad.
Por ahora, no se ha identificado ningún tipo de enterramiento en esta zona ya que está ocupada actualmente por edificios que se realizaron hace bastantes años sin intervenciones arqueológicas previas, simplemente en pequeñas franjas para introducir infraestructuras realizadas recientemente, se han identificado la presencia de algunos restos óseos humanos, sin que el hallazgo haya tenido mayor trascendencia.

El cementerio o fonsario se ubicaba extramuros, a cierta distancia del barrio judío. El terreno elegido:
•Tenía que ser tierra virgen
•Estar en pendiente
•Estar orientado hacia Jerusalén
La judería debía tener un acceso directo al cementerio para evitar que los entierros tuviesen que discurrir por el interior de la ciudad.
Los reyes autorizaron después de 1492 (en Barcelona en 1391), que las piedras de los cementerios judíos pudieran ser reaprovechadas como material de construcción. Así, no es extraño encontrar fragmentos de inscripciones hebreas en varias construcciones posteriores.
A pesar del expolio que sufrieron desde finales del siglo XIV, la memoria de estos cementerios ha perdurado como nombre en determinados lugares, por ejemplo, Montjuïc en Barcelona o Girona. Sabemos de la existencia de más de veinte cementerios judíos medievales. Otros sólo se conocen o bien por la documentación o bien por las lápidas conservadas. El de Barcelona, en Montjuïc, fue excavado en el año 1945 y 2000, el de Sevilla en 2004, el de Toledo en 2009 y el de Ávila en 2012.

Hammam ibn Isaac, Baño de Isaac. Existe constancia de que en Jaén existió otro baño árabe, de la misma época que el de Villardompardo, cuyo propietario era un judío. El nombre de ese Baño era Hammam ibn Isaac, es decir, Baño del Hijo de Isaac. No se descarta la posibilidad de que fuera propiedad de la familia del célebre cortesano Hasday ibn Shaprut, hijo de Isaac ibn Shaprut, un poderoso judío local. Las últimas investigaciones apuntan a que ese hammam se ubicaba en el interior de la judería, , en el solar excavado al sur de la calle Martínez Molina, cercano a la actual Iglesia de San Andrés.
El baño árabe o hammam musulmán, de carácter público, contaba con una serie de turnos para hombres y mujeres, pero también para los distintos credos religiosos que habitaban en las ciudades hispano-musulmanas. La población judía los utilizaba los viernes, día de precepto en el Islam y previo al shabat hebreo.

Palacio del Condestable Iranzo,  en el número 18 de la calle Maestra se levanta un noble edificio del siglo XV, que actualmente funciona como Palacio Municipal de Cultura, frente a frente con la oficina de información turística. Se trata del palacio de Miguel Luca de Iranzo, condestable de Castilla en tiempos de Enrique IV, al que no pocos estudiosos atribuyen un origen converso, entre otras cosas por su costumbre de no realizar trabajo alguno los sábados, además de por haber sido asesinado por un grupo de cristianos viejos en la catedral, en marzo de 1473. El espléndido artesonado del salón mudéjar del palacio del Condestable fue testigo de las numerosas reuniones que don Miguel celebraba con las personas más distinguidas de la corte, algunas de las cuales, reconocidos conversos, fueron expoliadas e incluso asesinadas por sus enemigos tras su muerte.

El raudal de la Magdalena. Legendaria fuente de aguas potables que ha abastecido históricamente a gran parte de la ciudad. En ella tuvo su guarida el "Lagarto de Jaén".
Según la leyenda, una enorme sierpe o dragón mantuvo asustada a la población durante mucho tiempo, hasta que un valiente pastor consiguió matarla haciéndole ingerir una sustancia explosiva. De ahí proviene la expresión giennense: así revientes como el Lagarto de la Magdalena cuando no se quiere bien a alguien.
Juan Eslava Galán atribuye a la influencia cultural de Oriente en Jaén, traída a la ciudad por judíos que se instalaron en ella en épocas antiguas, el origen de la leyenda más famosa de la ciudad.

Historia del Barrio de la Judería de Jaén.
El seguimiento detenido de las huellas de los judíos de Jaén, que poblaron este lugar durante casi doce siglos, permite al viajero de nuestro tiempo adentrarse en el meollo de la ciudad, hasta el corazón secreto en el que nacen las leyendas más reveladoras de su espíritu profundo. Fuera de los límites estrictos de la judería tradicional, el friso gótico de la catedral, los baños árabes de Villardompardo o el antiguo convento de los dominicos, donde tuvo su sede la Inquisición, permiten completar el panorama de un Jaén judío que perduró prácticamente hasta el siglo XVIII, largo tiempo después de la expulsión de los hebreos andaluces en 1483.
Aunque los primeros documentos conservados se remontan hasta la época visigótica, al año 612, cuando el rey Sisebuto prohibió por ley a los judíos de Jaén tener esclavos cristianos, la presencia de judíos en la ciudad, parece más que probable que el colectivo hebreo llegara mucho antes. Seguramente, las primeras comunidades judías se establecieron en Jaén en época romana, por lo que la comunidad judía que habitaba Jaén ya era importante en el siglo VII.
La derrota de los visigodos y la llegada de los musulmanes supuso una liberación para los judíos de la ciudad. No es improbable que ayudaran a los nuevos amos de la situación y la comunidad judía prosperara durante la época inicial de dominación islámica, en el siglo VIII. Se sabe que en el siglo IX, Jaén contaba con una sinagoga y junto a ella una yeshivá o centro donde se impartían estudios sobre la Torá y el Talmud. El geógrafo Abd al-Nūr Al-Himyari afirma que a finales del siglo IX existían en Jaén cuatro hammam o baños musulmanes alimentados con el agua procedente del Raudal de la Magdalena, uno de los cuales era el Hammam Ibn Ishaq, el Baño de Ben Isaac, de clara connotación judía. Este baño podría haber sido propiedad de Isaac Ben Saprut, padre del afamado médico y diplomático jienense Hasday Ben Saprut. Desde el año 2002 se vienen realizando excavaciones arqueológicas dentro del entramado urbanístico de la judería y en ellas, en el solar existente entre las calles Martínez Molina al Sur, Santa Clara al Norte, calle San Andrés al Oeste y calle Los Caños y Murcia al Este, se ha dejado al descubierto una estructura que podría identificarse con un baño que tal vez pueda ser el de Ibn Isaac. El estudio continúa hoy abierto.
Hacia el año 910 ó 915 nace en Jaén Hasday Ben Saprut, mano derecha de los califas Abderramán III y Al-Hakem II. Ben Shaprut introdujo en Al-Ándalus las escuelas judías de Siria y Babilonia y mantuvo una estrecha relación con el reino judío de los jázaros. Como médico, redescubrió la fórmula para la elaboración de la triaca, un antídoto para el veneno, y consiguió curar al rey Sancho el Craso de Navarra de su obesidad. Tradujo del latín al árabe el importante tratado de plantas medicinales de Dioscórides. Creó una magnífica biblioteca y se convirtió en mecenas de poetas y filósofos. Hasday Ben Saprut llevó a su más alta cima la cultura hispano-hebrea.
En el siglo XI, tras la disgregación del Califato de Córdoba y la siguiente disgregación de Al-Ándalus en Reinos de Taifas, Jaén pasó a formar parte del reino zirí de Granada. De este momento se sabe que en el año 1066 el gobernador de Jaén Musakhan permitió a Maksan, hijo del rey de Granada hacerse con las riquezas de los judíos de la ciudad tras una revuelta. En ese momento, la comunidad estaba regida por Rabí Isaac, amigo de Isaac Al-Fasi, que vio como la tolerancia musulmana se acababa de repente con la llegada de los almorávides. Los almorávides, llamados en auxilio de Al Ándalus por el rey de la Taifa de Sevilla, Al Mutamid, tras la conquista de Toledo, eran un pueblo del norte de África que predicaba el cumplimiento ortodoxo de la doctrina del Islam. Al mando de Yusuf ibn Tasufin, se fueron apoderando de los reinos de Taifa desde 1090, imponiendo un continuo saqueo de las ciudades. La conquista almorávide obligó a los judíos a exiliarse a los reinos cristianos del norte de España. Aunque una parte considerable de la población judía intentó permanecer en Al-Ándalus, la siguiente oleada de intolerancia, la almohade, dio el golpe de gracia a su presencia en tierras musulmanas. La invasión almohade arrasó la judería. Yacub ben Yusuf promulgó pena de muerte para todo el que no practicara la religión islámica y esto hizo inevitable la emigración y la completo abandono de la judería. Así ocurrió en la judería de Jaén, que sólo volvió a restablecerse ya en época cristiana, tras la conquista de la ciudad por el rey Fernando III en 1246.
No hay hasta el momento datos precisos que nos indiquen la ubicación exacta de la judería de Jaén en época musulmana. Durante la intolerancia almohade, que obliga a los judíos a abandonar Al-Ándalus y refugiarse en los territorios cristianos del norte de España, las aljamas quedaron vacías. Cuando los judíos regresan a Jaén con Fernando III, rey tolerante con los judíos, es posible que se establecieran en la antigua judería que dejaron al marcharse en vez de crear una nueva en un lugar distinto, tal y como ocurrió en otras ciudades de España. Actualmente los investigadores se inclinan a pensar que sí ocuparon el mismo espacio ya habitado con anterioridad.
Durante la Edad Media cristiana, entre la conquista de Jaén en 1246 y mediados del siglo XIV en que comienzan las grandes conversiones entre los judíos, el barrio que éstos habitaban parece ser el comprendido entre los actuales edificios del Convento de Santa Clara y la Iglesia de San Andrés. Los límites exactos de la antigua judería son aún hoy objeto de discusión. De lo que no parece haber duda es de que la actual calle de Santa Cruz era su vía principal. En ella, y a las espaldas del Monasterio de Santa Clara, se encontraba la sinagoga. El barrio quedaba conformado por un laberinto de calles estrechas que dispondrían de dos o tres salidas a las vías principales de la ciudad y que, por las noches, permanecían cerradas para evitar asaltos.
La presencia judía tras la reconquista fue muy temprana, como lo muestra el número de documentos pontificios referidos a la obligación de los judíos a pagar el diezmo. A finales del siglo XIII, la nueva judería de Jaén pagaba 25.000 maravedíes en concepto de diezmos a la Iglesia, prácticamente la misma que pagaba la judería de Córdoba, lo que pone de manifiesto la importancia de la de Jaén. También, en esa época, se pedía a los judíos de Jaén enviar un representante para que negociara con la Corona el monto del pago de su judería, en un momento en el que la comunidad se acercaba a los 1.500 habitantes.
Hasta mediados del siglo XIII, con Alfonso X el Sabio, los judíos jienenses vivieron una nueva etapa floreciente en sus trabajos de artesanos, mercaderes, médicos, cambistas y recaudadores de las rentas reales. A este último oficio se dedicaron, por ejemplo, Abraham Secuto, Yuçaf de Castro, Abraham ibn Aladep, Çaq de Castro y Samuel ibn Aladep. En Las siete partidas de Alfonso X señalan aspectos específicos de la convivencia de judíos y cristianos. La judería de Jaén disfrutó de esa convivencia, y de acuerdo con las normas legales, se definió un espacio y una autonomía similar a la que se daba en Castilla a las juderías, donde un tribunal propio resolvía conflictos y desavenencias entre judíos e incluso se hacía la recaudación de los impuestos para el rey.
Pero en la segunda mitad del siglo XIV se iniciará una época de persecuciones contra los judíos que culminará con su definitiva expulsión por los Reyes Católicos. En 1368, durante la guerra entre Enrique II, al que la ciudad de Jaén era fiel, y su hermano Pedro I, conocido por su papel protector de los judíos, las tropas nazaríes de Granada, fieles a Pedro I, entraron en la ciudad de Jaén y se llevaron prisioneros hasta 300 padres de familia de la comunidad judía a Granada, según escribió Samuel Zarza, en su libro Fuente de Vida:
“Jaén fue tomada por la fuerza y mataron a un número de hombres. Mas en los judíos ordenó el rey don Pedro que no pusieran la mano porque no tenían culpa. Pero que si querían cautivarlos, los cautivasen. Entonces llevaron prisioneros al reino de Granada hasta trescientos padres de familia que vivían en Jaén”.
La cifra de 300 padres de familia equivale a unas 1.500 personas, número ciertamente elevado, lo que colocaría a Jaén dentro de las más importantes en la España bajomedieval.

Durante la segunda mitad del siglo XIV, en parte a causa de las predicaciones del Arcediano de Écija, Ferrand Martínez, se desarrollaron la mayor parte de conversiones forzosas de los judíos y éstos tuvieron que transformar su sinagoga en la parroquia de Santa Cruz en 1391, formándose así con el tiempo la nueva colación o barrio de Santa Cruz. A partir de entonces, la población conversa habitó no sólo el espacio de la antigua aljama sino que se dispersó por los barrios de San Pedro, San Andrés, San Juan o San Ildefonso.
En 1473, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo, gobernador de la ciudad de Jaén y protector de judíos y conversos, fue asesinado mientras rezaba en la Catedral. Una vez asesinado el condestable, la muchedumbre enfurecida fue en busca de Juan López de Marruecos, el converso alcaide de la fortaleza de Torredelcampo, para darle muerte junto con su familia. A continuación, el pueblo enfurecido se lanzó contra los conversos, convencido de que seguían siendo judíos. Así, Juan de Mariana dice en su Historia General de España:
“Esto fue a causa de que el odio y la envidia de la muchedumbre se revolviese contra él de tal guisa, que con cierta conjuración que hicieron un día le mataron en una iglesia en que oía misa. La rabia y furia fue tan arrebatada y tal el sobresalto, que apenas dieron lugar para que Doña Teresa de Torres, su mujer, y sus hijos, se recogiesen en el Alcázar. Como el Condestable pusiese las rodillas para facer oración, uno del pueblo, que más cera dél se falló, le dio tan grande golpe con una ballesta de acero en la cabeza, que dio en él en el suelo, e todos los que cerca dél estaban lo firieron con lanzas e espadas de tal manera que no quedó en él señal de persona humana, e luego todos juntos fueron a robar e matar los conversos”.
En 1483, los Reyes Católicos establecieron en Jaén el tercer tribunal de la Inquisición, tras los de Sevilla y Córdoba. Este dato demuestra el alto número de conversos que había en Jaén en ese momento, por encima de muchas otras ciudades. Los primeros inquisidores se alojaron en una casa que el Condestable Iranzo poseía dentro de la misma judería. Más tarde, el tribunal de la Inquisición se ubicó en el Convento de Santa Catalina Mártir (Convento de los Dominicos, hoy, Archivo Histórico Provincial) donde permaneció hasta el año de 1526. La Diócesis de Jaén contó durante la Edad Media con dos grandes obispos que ostentaron el cargo de Inquisidores Generales. El primero fue don Diego Deza, hombre de confianza de los Reyes Católicos y tutor de su hijo, el Príncipe Juan. Gran defensor de la aventura de Colón en América, influyó mucho en la Reina Isabel para que le apoyara en su viaje. Este obispo dirigió la diócesis jiennense desde 1497 hasta 1500, fecha en que fue trasladado a Sevilla, donde murió y está enterrado. El otro gran Inquisidor fue su sucesor, don Alonso Suárez de la Fuente del Sauz, quien consiguió impedir durante su episcopado el traslado del Tribunal de Jaén a Granada. Ocupó la cátedra de Jaén desde 1500 hasta 1520. Este obispo está enterrado en la Capilla Mayor o del Santo Rostro de la Catedral.
Finalmente, el Edicto de Expulsión firmado por los Reyes Católicos en 1492 supuso el gran destierro de los sefardíes, que se establecieron en Marruecos, Portugal, Italia, Grecia, Turquía o los Balcanes.

martes, 28 de enero de 2014

Romanos en Granada.


Durante el siglo IV a.C. aparece en el Mediterráneo, dispuesto a tomar el relevo a cartaginenses, fenicios y griegos: Roma. Si con griegos y fenicios se trató de una disputa comercial y política que acabó con la absorción de los territorios de ambos, Cartago disponía de suficiente poder militar para plantar cara a la nueva república y frenar sus ánimos expansionistas. Las primeras batallas se decantaron a favor de los romanos en Córcega, Cerdeña y Sicilia pero el verdadero campo de batalla fue la península ibérica, en donde ambos contendientes emplearon buna parte de sus fuerzas.
La expulsión de las islas italianas forzó al los cartaginenses a dirigir sus pasos, para garantizar su propia supervivencia como potencia comercial y militar, hacia la península. Amílcar Barca desembarca con sus tropas en Cádiz en el año 237 a.C. sometiendo todo el valle del Guadalquivir dirigiéndose entonces hacia el este, llegando al territorio de los bastetanos, dejando a un lado a los lusitanos que parecían un rival más difícil y tenían menos interés político y económico ya que estaban menos desarrollados y existían menos ciudades aptas para implantar un sistema de ciudades aliadas; además interesaba dirigirse hacia el este para frenar en lo posible el avance de los romanos.
Frente a Barca, los romanos envían a Publio Cornelio Escipión al frente de un notable ejército quien consigue derrotar al cartaginés e integra, aproximadamente hacia el año 200 a.C., toda la provincia de Granada en la órbita del imperio romano. Esta inicial ocupación no fue, sin embargo, todo lo intensa que se podría esperar de un pueblo metódico y bien organizado como era el romano debido a que, por un lado, existió resistencia entre los pobladores hacia el conquistador y, por otro lado, a que la turbulenta situación política interna de la república romana de los siglos II y I a.C. tampoco favorecía la expansión. Existe, incluso, constancia de que alrededor del año 197 a.C se produjero revueltas contra el ocupante romano en la zona de la Alpujarra.
En cualquier caso la venida de Julio César hasta tierras hispanas para luchar contra su rival Pompeyo acabó determinando el establecimiento definitivo del Roma, con su cultura, su organización, su moneda y su lengua en la provincia de Granada. Incluso algunas ciudades cambiaron temporalmente sus nombres para mayor gloria de los nuevos conquistadores: Iliturgi fue Forum Juluim, Artigi (Alhama) fue Juliense y Vesci (Huétor) fue Faventia.
El establecimiento del imperio en Roma, a partir del año 31 a.C. supuso la llegada definitiva de la pax romana a la península. La actual provincia de Granada quedó dividida entre las provincias romanas Tarraconensis (todo el noreste de la provincia) y Bética (el centro y oeste, el valle del Genil). En Guadix se estableció una importante colonia y puesto militar (Julia Gemella Acci) en la que se levantaron importantes templos y edificaciones siguiendo los cánones y la estética de la metrópoli. La agricultura conoció un avance notable con la incorporación de nuevas técnicas de regadío y del arado romano. Se establecieron caminos siguiendo el esquema romano de calzadas que enlazaban cada una de las ciudades y se construyeron pequeños circos y teatros conforme al signo de los tiempos.
La economía en su conjunto conoce un crecimiento significativo al abrigo del comercio interno y con la propia metrópoli y se explotan minas, se comercia con productos de la pesca hacia el interior, el vino y el aceite parten por mar hacia Roma.
La propia Illiberis crece durante esas fechas hasta disponer de foro, anfiteatro, y templos, santuarios, gimnasios y termas. Las construcciones civiles se extienden por toda la provincia y se generalizan los acueductos y baños (La Malaha, Alhama, Graena, Sierra Elvira, Lanjarón…).
Toda esta bonanza y prosperidad comienza a desmoronarse a finales del siglo II de nuestra era, a la par del propio debilitamiento de la Roma imperial bajo la presión de los pueblos bárbaros del norte: el comercio sufre una fuerte regresión y las ciudades empiezan a fortificarse para prevenir las hordas de vándalos que abren paso a la dominación visigoda sobre la península y sobre la provincia de Granada en particular. El cambio del sistema agrícola del colonato romano a la implantación de la esclavitud conlleva una enorme pérdida de productividad y a falta de un nuevo esquema de poder, las ciudades optan por cerrarse sobre sí mismas y se acaba un período de prosperidad de dos siglos.

sábado, 25 de enero de 2014

Conociendo La Merced, El Sagrario y San Idelfonso.

Empezamos nuestro recorrido desde la Plaza Cervantes, continuación de la calle Cerón, en donde se encuentra El antiguo Casino de los Artesanos, fundado en 1.857 por el sastre D. Marino Ximénez bajo el nombre de Círculo Industrial, y toma su actual denominación en 1.869. Fue saqueado por los franceses en la Guerra de la Independencia. Formó parte del Palacio del Condestable y fue visitado por el Rey D. Alfonso XIII en la tarde del 15 de Mayo de 1.904. Hoy en día es el Patronato de Asuntos Sociales.

Subimos hacia la Plaza de la Audiencia y tomamos la calle Maestra, en ella se encuentra El Palacio del Condestable Iranzo, también llamado Casa Palacio del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo, es un inmueble de estilo mudéjar de Jaén. El lugar donde se encuentra era el sitio en el que se establecieron las familias más nobles y poderosas de la ciudad, situándose junto a la catedral y a los poderes civiles, y que supuso el asentamiento de la burguesía jiennense en dicha zona, construyendo sus viviendas, caracterizadas por el uso comercial en la planta baja, en una apuesta estilística que va del modernismo al regionalismo, a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX.
La destrucción de los palacios musulmanes tras la Reconquista ha limitado la representación de la residencia aristocrática en Jaén al antiguo Alcázar, actual castillo de Santa Catalina, que responde a una tipología de fortaleza, y a los restos del palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo, construcción en la que intervinieron alarifes y artesanos moriscos que dejaron su impronta en las yeserías y en el imponente alfarje del salón donde se ubica. El palacio refleja el carácter y gusto predominante, dentro de la arquitectura civil, en las provincias de Andalucía a partir del siglo XV, así también como muestra de la pervivencia del arte hispano-musulmán en los territorios conquistados por los cristianos, que ha dejado buena muestra de ello en los alfarjes que aún conserva. De esta forma el inmueble reúne una compleja estratigrafía arquitectónica, que documentalmente es rastreable desde mediados del siglo XV.
Posteriormente, parte del palacio se transformó en el denominado Casino Primitivo a partir de 1919, resultando ser el germen del nacimiento de otros casinos en la localidad, convirtiéndose, además, en lugar privado al que acudían las personalidades más relevantes dentro de la vida social de la ciudad, continuando su importancia durante el siglo XIX.
La casa fue adquirida por Miguel Lucas de Iranzo convirtiéndose en su lugar de residencia desde 1462, realizando grandes obras que la transformaron por completo, convirtiéndolo en un suntuoso palacio mudéjar. El palacio ocupaba originariamente una gran extensión del parcelario, cuyos límites descritos en las crónicas lo sitúan entre la calle Maestra, plaza de la Audiencia, calle Colón y calle Cerón, sin llegar a conocerse la extensión completa que originariamente abarcaba el mismo.
A la muerte del Condestable en 1473 pasó a manos de los Marqueses de Villardompardo, sus herederos, hasta que llegó a la posesión de los Marqueses de Bélgida, que lo modificaron, vendiendo una parte a Fernando de Aranda en 1805. Pese a las modificaciones, a mediados del siglo XIX aún conservaba vestigios de su primitivo esplendor.
En la segunda mitad del siglo XIX sufrió una gran transformación, levantándose sobre algunas zonas del edificio un teatro, varias viviendas y el popular Casino Primitivo. En 1892 el palacio fue adquirido por el arquitecto Justino Flores Llamas, quien en 1919 vendió al Casino Primitivo la parte principal del palacio, volviendo a sufrir nuevas obras en 1928, que alteraron de manera notable su fisonomía, pero conservando aún los restos de su esplendor monumental.
El edificio que da a la calle Maestra sufrió una remodelación, con el fin de adaptarlo a las instalaciones que albergaron el Casino Primitivo. En la parte oeste, junto a la antigua fachada principal, se han construido nuevos edificios en lo que fuera apeadero y patio.



En frente tomaremos la calle Madre de Dios y nos encontramos de frente el Arco de San Lorenzoes parte de la extinta Iglesia de San Lorenzo, erigida entre los siglos XIII y XIV. Su interior atesora azulejos y artesonados moriscos, así como una pequeña capilla. Es sede de la Asociación Amigos de San Antón.
Se dice que aquí se veló el cadáver de Fernando IV el Emplazado, muerto trágicamente en Jaén el 7 de septiembre de 1312. Por este motivo se realizó a lo largo de los siglos un responso en el Arco durante los entierros de los obispos de la ciudad.
Aquí se bautizó, el 6 de julio de 1555, a Maximiliano de Austria, tío de Carlos I.
En el Arco está sepultado Juan de Olid, secretario del Condestable Miguel Lucas de Iranzo. La pequeña capilla sirvió de titular del cercano Hospital de la Madre de Dios, fundado en una casa aledaña en 1491 por don Luis de Torres, hijo del Condestable Iranzo. Fue también capilla del primer Seminario Conciliar de Jaén, fundado en 1620.
En 1825 la iglesia de San Lorenzo se derrumbó a causa de su abandono, quedando sólo en pie el Arco. La parroquia y el archivo se trasladaron a la iglesia de San Bartolomé, y su tesoro artístico se reparte entre San Bartolomé y la Merced.
Fue declarado Monumento Nacional en 1877 gracias al trabajo de un grupo de giennenses que se enfrentó a una campaña en pro de su total demolición.
En 1969 la Dirección General de Bellas Artes comienza su restauración, que estuvo dirigida por el arquitecto jiennense Luis Berges Roldán.
La iglesia era de una sola nave y se situaba en lo que hoy son los números 2 y 4 de la calle San Lorenzo. Destacaba por sus tesoros artísticos, entre ellos un retablo de Ánimas, una tabla de Santo Domingo y San Bartolomé de la Cuesta y el legendario lienzo del Cristo de las Injurias, todos ellos depositados actualmente en la cercana iglesia de La Merced.
La capilla está cubierta de bóveda de ladrillo, en cuyo centro hay un colgante de yesería del que engancha una lámpara votiva. Toda la pared de la capilla está cubierta por un zócalo de alicatado mudéjar de gran valor artístico.
Sobre el altar hay un nicho de arco rebajado que alberga un crucifijo sobre fondo de damasco rojo. Este nicho está decorado con fina yesería mudéjar que recorre a manera de festón todos los paneles de azulejos. En los dos laterales de la entrada hay una inscripción en letra gótica que dice:
Esta capilla de Jesús Nazareno es.../...del Hospital de la Madre de Dios.

Continuamos nuestro paseo hacia la plaza de la Merced, nos encontramos a la izquierda la calle Compañía, aquí se encuentra el Convento de los Jesuitas, en él residió el Colegio y Residencia de la Compañía de Jesús, desde 1614 a su expulsión en 1767. Después el edificio se transformó en Monte de Piedad y en Reales Estudios de la Concordia. Luego entre 1812 y 1836, sería convento de P.P. Agustinos; en 1838, Colegio de Humanidades de Ntra. Sra. de la Capilla.
Luego en 1842, fue sede del Instituto de Segunda Enseñanza, hasta que en 1970 se abandonó el edificio. También fue sede de la Escuela de Magisterio (1842), Museo de pinturas (1846) y Biblioteca (1840-1969).
Dispone el edificio de una iglesia que abre su puerta a la calle con una sencilla fachada con el escudo de Carlos III en la clave del arco . El interior resctangular, se cubre con una bóveda de cañón. Fue reconstruida en 1868 para destinarla al Paraninfo del Instituto, en varias ocasiones sirvió como iglesia auxiliar de la Parroquia de San Bartolomé.
Actualmente es sede del Conservatorio Profesional de Música. En su paranifo se ofrecen conciertos organizados por el propio conservatorio y otros organismos públicos.

Retrocedemos nuestros pasos y entramos en la plaza de la Merced. En esta plaza tenemos que contemplar el Palacio del Capitán Quesada, era la Casa Señorial del Capitán Fernando de Quesada Ulloa, que fue Veinticuatro de la Ciudad, y Corregidor en Cádiz, Jerez de la Frontera y Gibraltar. Es una construcción de mediados del siglo XVI. Fachada de gran empaque cuyo conjunto se remata con galería de arcos de medio punto. También destaca la torre situada en un extremo del edificio, decorado con ventanas geminadas, y debajo de los balcones unos medallones emblemáticos de héroes clásicos. Su interior, después de ser restaurado, ha recuperado una nueva imagen con un patio con arcos sobre columnas toscanas. Actualmente alberga el Negociado de Urbanismo del Ayuntamiento.
Enfrente se encuentra la Iglesia de la MercedEl Convento de la Merced se construyó en 1580, sobre la antigua ermita de San Sebastián y estuvo ocupado por la Orden de la Merced, que se encontraba en la ciudad desde su reconquista en 1288, hasta el siglo XIX, cuando son obligados a marcharse a causa de las desamortizaciones. La iglesia se construyó tiempo después, a principios del siglo XVIII siendo bendecida el 23 de enero de 1727.
En 1885, se instala una nueva comunidad, los claretianos.
El 20 de julio de 1936, durante la Guerra Civil, el convento fue asaltado por unos milicianos que asesinaron a cinco religiosos y convirtiendo el convento en asilo de refugiados de guerra.
En el 1970, la iglesia es nombrada parroquia con el nombre de Nuestra Señora de la Merced.
En la actualidad es sede de la cofradía de los Estudiantes y de la cofradía de la Virgen de la Cabeza. En el pasado residieron en está iglesia las cofradías de Nuestro padre Jesús, del Santo Sepulcro, del Cristo de la Buena Muerte y del Cristo de la Expiración.
Así mismo nos encontramos al lado de la iglesia, la Fuente NuevaLas primeras noticias documentadas que se tienen de ella datan de 1.712, conociéndose en aquella época como Fuente Nueva del Conde de Torralba, aunque la inscripción que se puede apreciar en lápida lateral sitúa su construcción en 1.504. Adosada a uno de los edificios de la manzana, se surtía con agua del raudal del Alamillo y en tiempos tenía un gran pilar-abrevadero, hoy desaparecido. Separado de él, por un pasillo para el público, se alzaba el cuerpo monumental. En el primer espacio se abren dos hornacinas en las que se ubican los caños. El segundo cuerpo, almohadillado, se remata en dos volutas a modo de frontón con dos bolas de cerámica vidriada incrustadas. Este cuerpo se decora con tres escudos. En el centro el escudo de España; a su izquierda un escudo sin identificar y a su derecha el de la ciudad de Jaén.

Continuamos por la calle Merced Alta hasta que llegamos al Cantón de Jesús y desde aquí bajamos hacia la Carrera de Jesús. 



Al bajar por el Cantón se encuentra el Camarín de JesúsEl Santuario de Nuestro Padre Jesús Nazareno se encuentra en la Iglesia de San José, del desaparecido convento de los Carmelitas Descalzos, de Jaén. En su interior se encuentra el Camarín de Jesús, lugar en el que se venera la imagen de Nuestro Padre Jasús Nazareno, de la Antigua, Insigne y Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, más conocido como El Abuelo.
La iglesia del convento de San José de los Carmelitas Descalzos se encuentra en el número 35 de la calle Carrera de Jesús, en el Barrio de La Merced, quedando enlazado con una cadena monumental que se inicia en la Santa Iglesia Catedral y continúa entre caserones nobles, el monasterio de Santa Teresa de Jesús de las Carmelitas Descalzas, el lienzo de las antiguas murallas y el torreón del conde de Torralba.
El Convento de San José, de los padres Carmelitas Descalzos se fundó el 5 de junio de 1588 por el Padre Jerónimo Gracián sobre unas casas propiedad del canónigo Juan Pérez de Godoy, existentes en el arrabal de Santa Ana, a las afueras de la Puerta de Granada, y bajo la protección del obispo don Francisco Sarmiento de Mendoza. En torno a 1588 y 1594 se fundó la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Posteriormente se comenzó la construcción de la iglesia y la actual capilla para la imagen, según trazas del maestro mayor de las obras de la catedral, Blas Antonio Delgado y más tarde ampliada por el entonces maestro mayor Gonzalo Rabanales, Colocándose el Santísimo en su Capilla Mayor el 3 de febrero de 1619. Todo el complejo respondía arquitectónicamente al patrón de los monasterios carmelitanos.
Las desamortizaciones de 1811, 1821 y finalmente la de 1835 suprimierón el convento y la cofradía abandonó la capilla para trasladarse al Sagrario. El inmueble fue utilizado como Colegio Militar de Cadetes, primero y como cuartel del Regimiento Provincial de Murcia en 1835. Posteriormente, fue Comandancia de la Guardia Civil y en 1926 se transformó en casa de vecinos.
Finalmente, en 1960 se intentó demoler el edificio, desapareciendo el convento en 1979, tras lo cual se inició una intensa camapaña para salvar la iglesia que concluyó el 25 de abril de 1980 con la declaración, por parte del Ministerio de Cultura, como Monumento Histórico-Artístico, impidiéndose su demolición. En el año 2000 el Ayuntamiento de Jaén inició la expropiación y la Junta de Andalucía la declaraba Bien de Interés Cultural por Decreto 133/2003, de 13 de mayo.

Continuamos por la Carrera de Jesús y nos encontramos a la izquierda el Torreón del Conde Torralba, el resto más visible de lo que fuera la muralla árabe, que arrancaba del castillo de Santa Catalina y bajaba por el monte rodeando la ciudad. Fue reforzado y ampliado por los cristianos, y después de su utilización meramente defensiva, mantuvo una función fiscal, pues en sus puertas y portillos se cobraban los impuestos sobre las mercancías que entraban y salían de la ciudad. El Torreón Conde de Torralba está realizado en sillería y cuenta con una sala amplia que recoge la luz por tres saeteras. Se accede desde el adarve cubierto por dos arcos de ladrillo. Fue restaurado en 1972.

En frente nos encontramos el Convento de Santa Teresase ubica en la Carrera de Jesús, cercano al convento de San José de los Carmelitas Descalzos. Fue fundado por el matrimonio Francisco Palomino Ulloa y Juana de Quesada, en 1615, para ello donaron su casa y la de Alonso de Guzmán, una de esas casas era el antiguo palacio del Cardenal Esteban Gabriel Merino en la primera mitad del siglo XVI, ya que su escudo se encuentra en un vano sobre la puerta interior del refectorio.
En este monasterio se conservan muchas obras del convento de las carmelitas de Beas de Segura, que al desaparecer se llevaron a Jaén. Ejemplo de estas son la campana que llevó Santa Teresa de Jesús y un manuscrito de San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, el llamado Manuscrito de Jaén.
La iglesia data de la segunda mitad del siglo XVII (1673) y es obra de Eufrasio López de Rojas, quien la costeó pues tenía dos hijas religiosas en dicho convento. Es un templo de austero estilo carmelitano, de una sola nave rectangular cubierta con bóveda de cañón con lunetos y un presbiterio cubierto con media naranja sobre pechinas, decorada con doble fila concéntrica de placas trapezoidales en torno al anillo de la linterna. El coro va en alto a los pies cerrado en su frente con celosía. En cuanto al alzado de la nave se dividen los muros por pilares toscanos y no presenta más vanos que el de la puerta de entrada. Es notable el retablo mayor, con lienzos de los siglos XVII y XVIII. Otra decoración la aportan los numerosos lienzos que tapizan los laterales y el testero del fondo del presbiterio. En la portada destaca el concepto geométrico decorativo con una sencilla composición. Una línea de molduras planas y de óvalo enmarca, trazando una cruz, el arco de entrada y el nicho que va por encima, dos elementos tradicionales en las portadas de la época. Suprimiendo el entablamento y embebiendo las pilastras, se consigue que el plano más llamativo sea el nicho, en cuyo interior destaca una figura exenta de Santa Teresa y rematándolo un frontón triangular roto del que se eleva una sencilla cruz.



Partimos hacia la Plaza Santa María, se encuentra frente a la fachada principal de la Catedral de la Asunción de Jaén, el Palacio Episcopal y el Palacio Municipal. En la plaza confluyen las calles de las Campanas, Carrera de Jesús, Príncipe Alfonso, Obispo González y Maestra.
En abril de 2011 se inauguró la última remodelación de la plaza, diseñada por el arquitecto Salvador Pérez Arroyo. La solería está compuesta por bloques de granito con incrustaciones de piezas de bronce. El conjunto presenta referencias a la catedral, utiliza el número áureo y una de las torres de la catedral actúa como reloj de sol. Igualmente existen unas fuentes rasantes en el pavimento que recuerdan un antiguo manantial natural que afloraba en está plaza. En la zona existente ante los palacios municipal y episcopal se han plantado algunos ejemplares de moreras estériles para que sus frutos no manchen el pavimento.

Aquí encontramos el Palacio Episcopalestá construido sobre un palacio del siglo XV, reformado en los años ochenta, manteniéndose la fachada original. En los laterales de la puerta encontramos los escudos episcopales y, rompiendo el frontón, el escudo real flanqueado por los del obispo Tavera. En el resto de fachadas y en el interior se conservan los escudos de distintos obispos.

También se encuentra la Casa del Deán. Y por supuesto la Catedral de Jaén, de la cual ya teneís un articulo aparte en este blog.

A espaldas de la Catedral, nos encontramos con el Palacio de los Vélezes un edificio datado en el siglo XVII, aunque fue mandado construir en el año 1506 por Don Alfonso Vélez de Mendoza, caballero de Jaén y su procurador en Cortes. La fachada se sustituyó por la actual de 1630. En él destacamos su fachada de galería porticada en el que se pueden observar algunos escudos nobiliarios. Este Palacio también posee un pequeño jardincillo en el que encontraremos una fuente adosada. Hoy en día, el Palacio de los Vélez se ha convertido en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos.



Enfrente esta el Palacio Covaleda Nicuesa, este edificio de fachada del siglo XVII, fue propiedad de los Covaleda Nicuesa. Se accede a él por una puerta con arco de medio punto enmarcado entre pilastras almohadilladas, sobre ella se encuentra un balcón almohadillado flaqueado por dos tenantes con escudos nobiliarios y remata el conjunto un frontón partido con un escudo en su centro. De su interior destaca un oratorio barroco.

Iremos hacia la calle Ancha y en ella nos encontramos al principio el Palacio Marqués de Navalsequilla, se trata de uno de los antiguos palacios conservados todavía que se construyeron en el conocido como "Arrabal de San Ildefonso", hoy barrio del mismo nombre. Este palacio, sito en la señorial calle Muñoz Garnica (antes "Ancha del Arrabal"), fue ampliado en una planta en su última reforma. Está reconstruido, convertido en viviendas y en el desaparecido cine Alkazar en 1978 por el arquitecto Luis Berges Roldán.
El edificio se divide en cuatro cuerpos, siendo lo más interesante el último y más reciente cuerpo, con sus alternancias de galerías de arco de medio punto.
En la misma calle encontramos hermosos edificios, incluso uno con la tradicional torre-mirador, vestigio de aquella aristocracia local que salió del primer recinto murario con el objeto de poder construirse mejores casas y con mayor amplitud, pues esos terrenos no estaban, en principio, constreñidos a las primitivas murallas.

Por el Pasaje de San Francisco llegamos a la Carrera o calle Bernabé Soriano, al inicio de la calle se encuentran el Palacio Provincial o Palacio de la Diputación Provincial es la sede actual de la Diputación Provincial de Jaén y es una obra del siglo XIX. Se edificó sobre el solar del Real Convento de Nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís derribado en 1867, que había sido residencia de Fernando III de Castilla tras la conquista de la ciudad. Este proyecto ecléctico fue obra de Jorge Porrua y Moreno. La portada queda resaltada con triple vano de arcos de medio punto. En el patio interior destaca una fuente monumental procedente del Antiguo Convento de Santo Domingo de La Guardia de Jaén. El palacio cuenta con una interesante colección pictórica repartida por sus dependencias.
La Diputación se ubicó en distintos edificios del casco antiguo de la capital hasta que en 1891 el gobierno provincial se trasladó a la Plaza de San Francisco donde se encuentra actualmente, presidiendo el paso de la calle Bernabé Soriano, desde la vecindad de la Catedral.
El primer edificio que alberga la Institución fue el Real Convento de Nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís , situado en el mismo lugar en el que se encuentra actualmente, construido en 1246 por Fernando III el Santo como Palacio con capilla y donado en 1354 por el rey Pedro I de Castilla a los frailes franciscanos. Con la desamortización, al igual que el resto de los conventos de la ciudad, pasará a manos públicas alojando la Diputación.
Fue el mal estado del edificio obligó a la Diputación Provincial a itinerar por otros enclaves de la capital, siempre con el deseo de retornar a aquel lugar. A mediados de 1867, el convento en ruinas, fue demolido para levantar en el mismo lugar, tras casi treinta años de construcción, el actual Palacio Provincial. El proyecto corrió a cargo de Jorge Porrua y Moreno, premiado en la Exposición Provincial de 1878.

Bajamos por la Plaza del Pósito y nos dirigimos hasta la Plaza del Deán Mazas y aquí está el Palacio de los Vilches, destaca su hermosa fachada principal renacentista del siglo XVI, en la que aparece su fachada en esquina de seis arcos de medio punto apoyados sobre ocho columnas dóricas; entre ellos bustos de héroes de la antigüedad. El interior, pese a las muchas reformas, conserva su estilo renacentista que ya nos muestra con claridad en el exterior. Ha sido declarado Monumento Histórico y en la actualidad es sede de una entidad bancaria. Este palacio es el último recordatorio de la existencia de la Plaza del Mercado, lo que constituyó durante años la Plaza Mayor de la ciudad de Jaén. Fue remodelado en el siglo XIX y de él procede el patio central y la escalera principal. 

Nos dirigimos hacia la Plaza de la Constitución o también conocida como Plaza de las Palmeras, plaza que a lo largo de su historia ha sufrido gran cantidad de remodelaciones, la más impactante y de mal recuerdo seria la que destruyó el Teatro Cervantes, añorado por muchos jiennenses, y la última y reciente, en la que de entre los varios elementos que la conforman destaca el Monumento al Alfarero, del ceramista ubetense Paco Tito. De los edificios más notable de la plaza destacamos el estilo regionalista de la central de Cajasur, en un rincón, y el edificio de Hacienda, construido en 1932, un edificio austero con algún detalle en sus ventanales que se ubicó justo en medio de la primitiva Plaza del Mercado, dividiéndola en la de la Constitución y la del Deán Mazas.



Partimos hacia la Iglesia de San Idelfonso por la calle Ignacio Figueroa. La Basílica-Santuario de Nuestra Señora de la Capilla y Sacra Iglesia Parroquial de San Ildefonso, erigido en 1248 en el Arrabal de San Ildefonso y situado en la plaza homónima, que se halla presidida por una escultura dedicada a la Inmaculada Concepción de María, labrada en piedra por Amadeo Ruiz Olmos con motivo de la remodelación de la plaza en 1957. A raíz del "Descenso de la Virgen" en 1430, este templo adquirió una gran importancia y se convirtió en santuario y, posteriormente, en basílica menor, de la patrona de la ciudad.
En esta iglesia se hallan sepultados los restos del ilustrísimo arquitecto y cantero Andrés de Vandelvira, mentor de las catedrales de Jaén y Baeza, fallecido en 1575.
Con la edificación, en un antiguo arrabal extramuros de la ciudad árabe, del barrio de San Ildefonso, se construye una pequeña capilla en el corazón del nuevo barrio. Su primer dato histórico es de 1248, época de la que datan sus muros más antiguos, norte y este. Se estima que se fundó como parroquia en el siglo XIV, constando como tal en 1400, era una parroquia pobre de grandes dimensiones, aunque más reducidas que el templo actual, puesto que carecía de las naves laterales, de la portada principal y de la nave del descenso, tras el tabernáculo.
Tras el descenso de la Virgen a la ciudad en 1430, la pequeña capilla adquiere gran importancia, convirtiéndose en el Santuario donde se rinde culto a la Virgen, con la advocación de Capilla. Desde este momento la pequeña capilla se convierte en un gran templo, con el empaque de una catedral.
El 9 de junio de 2010 fue declarada Basílica menor por el Papa Benedicto XVI, celebrándose el día 14 de noviembre una misa de acción de gracias presidida por Antonio Cardenal Cañizares Llovera, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, esta celebración concluía el proceso iniciado en 2008, siendo párroco el Ilmo. Mons. D. Manuel Bueno Ortega.
El exterior recuerda a una fortaleza, debido a la presencia de varios contrafuertes semicirculares, en forma de torreón, situados en el muro norte. Presenta dos torres a ambos lados de la fachada principal. La izquierda, actual campanario, es de cuatro cuerpos y está coronada con cúpula. La derecha, de menor tamaño, cuyo cuerpo de campanas de sección octogonal arranca directamente del plano de la fachada.
La torre-campanario de la basílica se compone de cuatro cuerpos, separados entre si por cornisas salientes. El primer cuerpo es de planta cuadrada, construido entre 1584 y 1585, en él se encuentra el escudo del obispo Francisco Sarmiento de Mendoza. El segundo cuerpo presenta dos ventanas superpuestas en cada fachada. Fue finalizado en 1600, lleva el escudo del obispo Bernardo de Sandoval y Rojas, realizado por Cristóbal Téllez quien lo talló en piedra con embutidos de mármol rosado.
El tercer cuerpo se construyó entre 1608 y 1610, presenta planta octogonal, con pináculos en las esquinas, y en él se encuentran las campanas. Lleva el escudo del obispo Sancho Dávila Toledo, el reloj que se encuentra en este cuerpo fue instalado en torno a 1620 por el relojero Diego Morante. Este tercer cuerpo estaba rematado por un chapitel gótico, hoy desaparecido, que fue construido por Sebastián de Solís en 1624. Este fue sustituido en la reforma de la torre de finales del siglo XVIII. El cuarto cuerpo, octogonal al igual que el tercero, es una cúpula en el que aparece el escudo del obispo Fernando Andrade Castro, por lo que se construyó algunos años después que el tercero.
El actual templo presenta tres portadas de distintas épocas y, por tanto, de diferentes estilos que van desde gótico hasta el neoclásico.
Portada principal. Construida en el siglo XVIII, es de estilo neoclásico, proyectada por Ventura Rodríguez y realizada por Francisco Calvo. Está formada por cuatro columnas de orden compuesto adosadas que sostienen una cornisa en el que apoya un frontón triangular. Detrás de él y sobre el muro de fachada está colocado un pedestal con la figura de San Ildefonso, con dos flameros a cada lado.
Portada lateral. Es una formidable portada renacentista de Andrés de Vandelvira, construida en el siglo XVI por orden del obispo Pedro Cardenal Pacheco Ladrón de Guevara. Sobre el arco de medio punto hay alegorías paganas de la abundancia y sobre ellas un relieve con la imposición de la casulla a San Ildefonso, flanqueado por columnas corintias que sostienen un triángulo con el Padre Eterno en el centro. En los laterales se encuentran los escudos del obispo Pacheco que mandó levantar la Iglesia.
Portada primitiva. Se encuentra en la parte trasera de la actual iglesia. Es de estilo una del gótico isabelino, construida en los tiempos del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce. Ha sido restaurada con un mosaico de Santiago Pedrós, que cierra la primitiva puerta del templo.
El interior es de estilo gótico final, con planta de salón con tres naves de pilares compuestos que sustentan arcos apuntados, sobre los que cubren bóvedas nervadas, siguiendo las líneas del gótico tardío. El Tabernáculo es barroco, de Pedro Duque y Cornejo. La puerta de la Sacristía es de madera con talla de estrellas poligonales. La antesacristía y la sacristía presentan bóvedas de yesería labradas, en estas salas se guardan cuadros, tres sitiales de coro barrocos y objetos de culto de gran valor.
El retablo mayor preside la iglesia ocupando todo el testero del templo. Es de estilo barroco realizado en madera dorada y estofada por Pedro Duque Cornejo en el siglo XVII o XVIII, se encuentra divido en tres partes:
La central está dedicada por completo al Milagro del Descendimiento de la Virgen, pues recordemos que Jaén es junto con Zaragoza la única ciudad de España en las que existe la tradición del descenso de la Virgen. En el cuerpo principal se encuentra un relieve de dicho hecho glorioso que narraron los testigos, los cuales aparecen reflejados en la talla. En el cuerpo superior se encuentra la talla del Milagro de San Ildefonso de Toledo.
Los cuerpos laterales del retablo están dedicados a los Padres de la Iglesia, San Benito de Nursia, a la derecha, y San Antonio Abad, a la izquierda.
Capilla del Bautismo, es la primera a la derecha. Presenta planta cuadrada, está cubierta por bóveda de media naranja con claraboya cenital, decorada con dibujos de yesería y un pequeño retablo neoclásico con un óleo del bautismo de Cristo. El cerramiento es una reja procedente del antiguo presbiterio, obra del maestro Joseph del Alcázar. Alberga las imágenes de la cofradía del Santísimo Cristo Yacente y Siervos de Nuestra Señora de la Soledad.
Capilla de la Vera-Cruz, alberga las imágenes de la Congregación del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de los Dolores, fundada en 1541, es la cofradía de Pasión más antigua de la ciudad. Sus imágenes son recientes.
Altar de Jesús Preso, presenta un frontal de mármol rojo, que cobija la imagen de Jesús Preso, obra de Ramón Mateu Montesinos en 1941, que con esta talla consiguió la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1941. Originalmente iba ser una imagen de Cristo caminando sobre las aguas pero finalmente fue tallado como Jesús preso, lo cual explica su peculiar semblante.[5]
Altar de la Divina Pastora, presenta un frontal de mármol rojo y un interior moderno con una pintura mural de Jaén, que cobija la imagen de la Divina Pastora de almas.
Capilla de la Virgen de la Capilla, patrona de la ciudad de Jaén, se sitúa en una nave lateral por detrás del presbiterio. Se accede a ella por una hermosa reja forjada en 1610 y en el que se encuentra el escudo del obispo Sancho Dávila y Toledo. El testero es un retablo barroco en el que un altorrelieve representa la procesión del Descenso de la Virgen a Jaén en 1430. Sobre éste, se sitúa el camarín de la Virgen donde está la talla. Cabe destacar el frontal de plata del altar, la lámpara, también de plata, donada por el Ayuntamiento y demás enseres de la capilla.
En el lateral izquierdo de la capilla hay una hornacina cerrada con puertas de acero, en cuyo interior, en cofre de plata, se encuentra el documento notarial que narra el Descenso de la Virgen a Jaén. Está decorado con cinco medallones: el escudo de Jaén, la Anunciación, el Descenso, la Presentación y el Escudo de la Cofradía.
Las paredes de la capilla están pintadas con motivo florales y querubines sobre fondo rojo, la bóveda está pintada con las imágenes de varios reyes, todas las pinturas murales fueron restauradas por María José López de la Casa y su equipo en 2009
En frente de la capilla de la patrona, al otro lado del testero del templo, se encuentra una vidriera pintada con el Milagro del Descenso que permite divisar a la Virgen de la Capilla desde la calle.
Altar de San José, presenta un retablo realizado en fecha reciente por Fernando Baldoy Ortega que cobija una imagen de San José.
Altar de la Virgen de la Antigua o del Cristo del Valle, está compuesto por un grandioso retablo de gran belleza presidido por una imagen del Calvario.
Altar de las Almas, similar al anterior, siendo más colosal aún, está dedicado a las Benditas Ánimas del Purgatorio, conformando toda una catequesis plástica de dicho Misterio.
Altar de Cristo Resucitado, se encuentra presidiendo el rincón en el que se encuentra la Pila Baustimal y la urna donde se guardan los Santos Óleos, así como la puerta de acceso a la torre del campanario. Está presidido por la talla de Cristo Resucitado. 
La Cabeza de la Iglesia de San Ildefonso. Esta leyenda se basa en un hecho real que narra el licenciado Antonio Becerra en su Memorial sobre el culto y devoción a la Virgen de la Capilla, publicado en 1639. En la Iglesia Parroquial de San Ildefonso, sobre unos de los contrafuertes que flanquean la portada que abre a la plaza, justo en el alero de la cubierta, hay una cabeza tallada en piedra. Se dice que es el vivo retrato de un joven, hijo de persona principal de la ciudad, que una noche, a finales del siglo XVI, se ocultó en el templo y robó las lámparas de plata que alumbraban a la Virgen de la Capilla. Salió de la ciudad con su botín, pero su mala conciencia lo desorientó y fue apresado en Los Villares. Juzgado sumariamente en Jaén, fue condenado a muerte sin que sus padres, pese a sus altas influencias, pudieran valerle. Le ahorcaron y luego se ordenó descuartizarlo y exponer sus restos sobre los contrafuertes del templo para que sirviera de escarmiento a posibles ladrones sacrílegos. Cuando los restos se consumieron con el tiempo, se ordenó que la cabeza, esculpida en piedra, permaneciera eternamente expuesta sobre el contrafuerte más próximo a la torre.

Bajamos por la calle Teodoro Calcache (calle Arroyo) en donde está el Convento de las BernardasEl Monasterio de la Concepción Franciscana, también conocido como Las Bernardas, ya que fue fundado gracias a Melchor Soria y Vera, obispo de Troya y auxiliar de Toledo, y jiennense muy vinculado al Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal-obispo de Jaén. Actualmente alberga una comunidad de Clarisas descalzas de clausura.
En el lugar en el que actualmente se encuentra el monasterio, existió anteriormente uno de la Orden de los Jerónimos y posteriormente en el habitaron los Capuchinos, que fueron sus últimos habitantes hasta que pasó a manos de las Clarisas descalzas. Está orden fundó el convento entre 1616 y 1628, gracias a la ayuda del obispo auxiliar de Toledo Melchor de Soria y Vera, natural de Jaén.
Fue construido en el siglo XVI. El edificio se configura como un recinto fortificado en todo su perímetro exterior, conjugando la austeridad con la belleza arquitectónica, esto se debe a que se abre en un tramo de la muralla, teniendo incluso que derribar algunos lienzos de la misma y a trasladar un torre sin licencia real. Se encuentra además junto a la Puerta del Ángel.
En uno de sus laterales se asienta una fuente, lindando con el célebre Parque de la Alameda.
El autor fue "un gran maestro de Toledo", que se sospecha fue Juan Bautista Monegro. La construcción del templo finalizó en 1627, presenta una planta de cruz latina, ligada a la idea de sobriedad de los monaterios y al estilo herreriano de finales del siglo XVI. La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos de media naranja sobre pechinas en el crucero, decorándose con el escudo del obispo de Troya sostenido por águilas. El retablo es barroco temprano de orden corintio decorado con pinturas.
La iglesia encierra muchos tesoros artísticos, entre los que destacan una rica colección de pinturas de Angelo Nardi.


Y terminamos nuestro recorrido en la Puerta del Ángel, justamente al lado. Fue construida en 1646 y es la única puerta que se conserva del antiguo recinto amurallado de la ciudad de Jaén. Permanece unida al Convento de las Franciscanas Descalzas o de Las Bernardas, dando entrada al Parque de la Alameda, un jardín de origen renacentista.
La puerta está coronada por una hornacina con una escultura de San Miguel (de ahí recibe el nombre de Puerta del Angel).